Aquí publico, como complemento del tema desarrollado, una interesante nota de mi buen amigo y hermano Ricardo Vecco sobre la teoría de Daniel Sapia llamada "La Angustia de la Salvación Católica".
-Aquí inicia la nota de Ricardo Vecco-
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Dijo D. Sapia:
Sr. Vecco, paz de Dios.
Gracias por el tiempo que dedica a leer mis escritos.
> El motivo básico de este email es pedirle en amor cristiano que revise con
> un poco mas de celo intelectual la teología católica sobre la Gracia
> Santificante, La Vida Sacramental del Fiel Devoto, La Naturaleza del Pecado
> (confunde pecado grave con pecado mortal) y en general la Teología de la
> Salvación,
«Algunos distinguen entre el pecado grave y el pecado mortal. Pero ha dicho el Papa Juan Pablo II: «el pecado grave se identifica prácticamente en la doctrina y en la acción pastoral de la Iglesia con el pecado mortal... La triple distinción de los pecados en veniales, graves y mortales, podría poner de relieve una gradación en los pecados graves. Pero queda siempre firme el principio de que la distinción esencial y decisiva está entre el pecado que destruye la caridad y el pecado que no mata la vida sobrenatural: entre la vida y la muerte no existe una vida intermedia»(603). Por eso el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica no hace distinción entre pecado grave y pecado mortal»
(603) - JUAN PABLO II: Reconciliación y Penitencia, nº 17. Revista ECCLESIA, 2204 (5-I-85)29s
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Gracias por su casi inmediata respuesta a mi mensaje y el resaltado que hace del último párrafo del documento Papal, y además por remitirme el enlace de donde lo ha obtenido.
Insisto encarecidamente incremente su celo intelectual al exponer los temas que publica en su web site, y acto seguido me permito exponerle algunos puntos que al parecer no son nada claros para un pródigo escritor de temas religiosos como es Usted.
• La Índole del Pecado
• El Sacramento de la Reconciliación
• La Gracia Santificante
• Teología del Purgatorio
Todos estos temas y algunos otros más (que seria largo enumerar), forman parte del Magisterio de la Iglesia y constituyen Dogmas de Fe para todo Católico bien formado en su fe.
Hay personas a quienes les gusta preguntar siempre el límite entre el pecado leve y grave. Pero esto a veces es tan difícil como señalar en el arco iris dónde termina un color y dónde empieza otro. Por eso, en la duda, muchos dicen al confesor: «Me arrepiento tal como esté en la presencia de Dios».
EL PECADO ES GRAVE CUANDO SE DAN JUNTAMENTE ESTAS TRES COSAS:
1) QUE LA MATERIA SEA GRAVEMENTE MALA (en sí o en sus circunstancias); o que yo crea que es grave aunque de suyo no lo sea.
2) QUE AL HACERLO YO SEPA QUE ES GRAVE.
3) QUE YO QUIERA HACER AQUELLO QUE SÉ QUE ES GRAVE.
Para que haya pecado grave deben darse las tres cosas al mismo tiempo. Si no, no hay pecado grave.
El consentimiento de la voluntad debe ser perfecto.
Quien está encerrado en la celda de una cárcel no peca si no le dejan ir a Misa
«El hombre peca mortalmente no sólo cuando su acción procede de menosprecio directo del amor de Dios y del prójimo, sino también cuando libre y conscientemente elige un comportamiento gravemente desordenado, sea cual fuere el motivo de su elección»
Dios juzga nuestros pecados tal como los tenemos en la conciencia .
Lo que Dios castiga es la mala voluntad que tenemos al hacer una cosa, no las equivocaciones o errores involuntarios. Pero debemos procurar tener bien formada la conciencia.
Sólo la cruz y la gloria de Cristo resucitado, pueden dar paz a su conciencia y salvación a su vida
Si falta cualquiera de estas tres condiciones no hay pecado grave.
Es decir: cuando la materia no es grave; o es grave, pero yo no lo sé; o lo sé pero lo hago sin querer o sin darme cuenta.
En estos casos no hay pecado grave .
Por lo tanto, todo lo que se hace sin querer (por ignorancia, por descuido, sin caer en la cuenta o en un arrebato inevitable), o lo que se hace sin pleno consentimiento, o sin plena advertencia no es pecado grave.
Cuando un hombre está en gracia de Dios es miembro del Cuerpo Místico de Cristo, y entonces sus obras, por sencillas que sean, pertenecen a un plano sobrenatural, infinitamente superior a todo lo humano.
Si esto se conociera más, quién viviría en pecado mortal?.
Cada uno de nosotros es una célula del Cuerpo Místico de Cristo. Con nuestra virtud colaboramos a su vitalidad. Con nuestros pecados, además de convertirnos en células muertas, entorpecemos la vida de las otras células, nuestros hermanos. Somos células cancerosas.
La gracia santificante es un don personal sobrenatural y gratuito , que nos hace verdaderos hijos de Dios y herederos del cielo .
La gracia santificante es una cualidad que hace subir de categoría al hombre dándole como una segunda naturaleza superior . Es como una semilla de Dios
Cuando vivimos en gracia santificante somos templos vivos del Espíritu Santo. La gracia santificante es absolutamente necesaria a todos los hombres para conseguir la vida eterna. La gracia se pierde por el pecado grave.
En pecado mortal no se puede merecer. Es como una losa caída en el campo. Debajo de ella no crece la hierba. Para que crezca, primero hay que retirar la losa. Estando en pecado mortal no se puede merecer nada.
Quien ha perdido la gracia santificante no puede vivir tranquilo, pues está en un peligro inminente de condenarse. La gracia santificante se recobra con la confesión bien hecha, o con un acto de contrición perfecta, con propósito de confesarse.
El perder la gracia santificante es la mayor de las desgracias, aunque no se vea a simple vista.
Sin la gracia de Dios toda nuestra vida es inútil para el cielo
Dice San Agustín que como el ojo no puede ver sin el auxilio de la luz, el hombre no puede obrar sobrenaturalmente sin el auxilio de la gracia divina.
Además de la gracia santificante Dios concede otras gracias que llamamos gracias actuales, que son auxilios sobrenaturales transitorios, es decir, dados en cada caso, que nos son necesarios para conseguir algo en orden a la salvación. Pues por nosotros mismos nada podemos. No podemos tener una fe suficiente, ni un arrepentimiento que produzca nuestra conversión.
Las gracias actuales iluminan nuestro entendimiento y mueven nuestra voluntad para obrar el bien y evitar el mal. Sin esta gracia no podemos comenzar, ni continuar, ni concluir nada en orden a la vida eterna.
El hombre no puede cumplir todas sus obligaciones ni hacer obras buenas para alcanzar la gloria eterna sin la ayuda de la gracia de Dios. Merecer el cielo es una cosa superior a las fuerzas de la naturaleza humana.
Pero como Dios quiere la salvación de todos los hombres, a todos les da la gracia suficiente que necesitan para alcanzar la vida eterna.
Con la gracia suficiente el hombre podría obrar el bien, si quisiera.
La gracia suficiente se convierte en eficaz cuando el hombre colabora. Los adultos tienen que cooperar a esta gracia de Dios. Dijo San Agustín: «Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti».
Dios ha querido darnos el cielo como recompensa a nuestras buenas obras. Sin ellas es imposible, para el adulto, conseguir la salvación eterna. Nuestra salvación eterna es un asunto absolutamente personal e intransferible. Al que hace lo que puede, Dios no le niega su gracia.
Y sin la libre cooperación a la gracia es imposible la salvación del hombre adulto. Con sus inspiraciones, Dios predispone al hombre para que haga buenas obras, y según el hombre va cooperando, va Dios aumentando las gracias que le ayudan a practicar estas buenas obras con las cuales ha de alcanzar la gloria eterna.
«Tan grande es la bondad de Dios con nosotros que ha querido que sean méritos nuestros lo que es don suyo».
Esta gracia, que nos eleva por encima de la naturaleza caída, la mereció el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz. La obtenemos mediante la oración y los Sacramentos.
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El conocimiento de la vida eterna 1 Juan 5:
5:13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.
5:14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
5:15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
5:16 Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida.
5:17 Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte.
5:18 Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.
5:19 Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.
5:20 Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.
5:21 Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.
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EL PURGATORIO:
El purgatorio es el sufrimiento de las almas que no se condenan por no haber muerto en pecado mortal, pero tienen que purificarse, de algún rastro de pecado, antes de entrar en el cielo.
La existencia del purgatorio es dogma de fe. Esta definido en los Concilios de Lyon y Florencia . También en el Concilio de Trento .
San Pablo indica que hay purificación más allá de la muerte, 1ra Cor. 3 10,15.
Y supone que se puede ayudar a los muertos 2Tim. 1,16.
Como los del cielo no lo necesitan, y en el infierno esto ya no es posible, San Pablo se refiere a las almas del purgatorio.
«Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su salvación eterna, sufren una purificación después de su muerte a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en el gozo de Dios»
El sufragio por las almas del purgatorio La Iglesia lo llama «Acto heroico de caridad» y Jesucristo no puede dejarlo sin premio, pues dijo: «Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia»
ORACION:
«Yo te ofrezco, Señor, por las almas del purgatorio, todas las obras satisfactorias de mi vida entera, y todas las que por mí se ofrezcan después de mi muerte. Te las ofrezco en unión de los méritos de Jesús y de María, y en manos de Ella las deposito para que las aplique según tu voluntad. Dígnate aceptar este ofrecimiento, y ayúdame a vivir y a morir en tu santa gracia. Amén».
Cuando venga la resurrección de los muertos y el juicio final de todos los hombres . Dios dará vida a nuestros cuerpos mortales. La resurrección de los muertos es dogma de fe . Está definido en el Concilio IV de Letrán(1024).
Entonces todos seremos presentados «ante el tribunal de Cristo para recibir el premio o el castigo de lo que hayamos hecho en esta vida»
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El Juicio de las Naciones San Mateo Cap 25:
25:41 Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
25:42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
25:43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
25:44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
25:45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.
25:46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.
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LA FE ES TAN NECESARIA COMO LAS BUENAS OBRAS:
Quien no cumple los mandamientos no puede salvarse. Dice el Apocalipsis:«Los muertos serán juzgados conforme a sus obras»(Ap, 20,13)
Dijo Cristo : «No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial»(Mat. 7,21).
Y «si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos»(San Mateo, 19: 17). «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos»(San Juan, 14: 15).
San Pablo habla de los que «hacen profesión de conocer a Dios, pero con las obras lo niegan» (Carta a Tito, 1: 16).
San Pablo insiste en que el creyente será juzgado según sus obras (2 Corintios, 5: 10).
«La fe sin obras está muerta» (Santiago, 2: 26).
Por las obras se ve la fe. «El hombre se justifica por las obras, y no solamente por la fe»(Santiago, 2: 24).
Pero para salvarse también se necesita la fe. La fe es la raíz de toda justificación. Para salvarse es necesario el estado de gracia. Y sin la fe no es posible el estado de gracia: «sin la fe no es posible agradar a Dios»(Carta a los Hebreos, 11: 6).
Por consiguiente sin ella no es posible salvarse.
Tenemos obligación de creer todas las verdades que la Iglesia manda creer. Jesucristo dijo a los Apóstoles cuando los envió a predicar por todo el mundo: «Id e instruid a todas las gentes, enseñándolas a observar todas las cosas que Yo os he mandado»(San Mateo, 28: 19s). «El que creyere, se salvará; y el que no creyere, será condenado»(San Marcos, 16: 16)
CONCLUSION: Luego de estudiado todo este contexto, creído y vivido en obediencia a la Ley de Dios, ¿quién puede tener *angustia* por su salvación?... Dejo esta interrogante para su meditación.
Gracias por haber leído y que Dios le Bendiga en abundancia!!
RICARDO VECCO
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