INTRODUCCIÓN
En la Doctrina Cristiana, que ha defendido la Santa Iglesia Católica por centurias, hay una parte dedicada a la Virgen María, Madre de Jesucristo. La tal parte se llama “Mariología”, y es, ni más ni menos, que la rama de la Teología encargada de estudiar a la persona y méritos de María.
En base a las Sagradas Escrituras, y a los testimonios legados a la Cristiandad por la Tradición Apostólica, la Iglesia Cristiana ha definido cuatro Dogmas de Fe sobre la Santísima Virgen María, mismos que estudia a profundidad la Teología Dogmática.
Tales Dogmas son:
-La Maternidad Divina de María.
-La Perpetua Virginidad de María
-La Inmaculada Concepción de María
-La Asunción de María al cielo en cuerpo y alma
Esta entrega se refiere prioritariamente a la Doctrina de la Asunción de María, misma que fue proclamada como Dogma de Fe por Su Santidad el Papa Pío XII (Eugenio Pacelli), mediante la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, el 1 de noviembre de 1950.
La Teología estudia este Dogma basándose en algunos versículos bíblicos que ilustran este tema, tomando en cuenta varios testimonios de la Tradición al respecto.
LOS TRES DOGMAS QUE ANTECEDEN A LA ASUNCIÓN
La Teología, al estudiar la Asunción, tiene muy en cuenta a los otros tres dogmas marianos, que siempre se enlistan ANTES que el de la Asunción.
Esta forma de enfocar el asunto se basa en las consecuencias de aquellos otros tres dogmas, y en los méritos que por ellos se concede a María:
-Por ser Madre de Dios, le asistía el derecho de ser asunta al cielo en cuerpo y alma.
-Su cuerpo incorrupto, gracias a su Virginidad en cuerpo y alma, le ganaba una pureza digna de ser llevada al cielo.
-Por haber sido concebida sin mancha de pecado original, por ello ser “llena de gracia”, y añadiendo a eso que el Espíritu Santo había actuado sobre ella, merecía ser llevada al cielo gracias a su plenitud en la gracia.
Quien no acepte estos dogmas, NUNCA va aceptar la Asunción... pues el fundamento bíblico de esta es bastante indirecto, y tiene que relacionarse forzosamente con los dogmas ya mencionados.
Católicos y Ortodoxos orientales mantienen fe en estos dogmas, a pesar de que el tercero, la Inmaculada Concepción, fue definido después del Cisma de Oriente. Aún así, la teología ortodoxa se inclina hacia la Inmaculada Concepción y la Asunción:
http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/principales_verdades.htm#n14
Por ejemplo, en una discusión con protestantes, ellos no admitirían que “María fue asunta por ser Madre de Dios”, ya que para ellos, María no es Madre de Dios sino sólo “Madre de Cristo” (¿?)
Entre los protestantes, nunca he encontrado uno que admita que María es Madre de Dios, y son muchísimos los que sostienen que "no fue siempre Virgen", sino que “tuvo otros hijos”.
La Inmaculada Concepción es un dogma también muy cuestionado por el protestantismo. Si hay algún protestante que crea en este dogma, pues realmente sería caso extraño, pues para la mayoría, María (pese a ser llamada en la Biblia “llena de gracia” y “bendita entre todas las mujeres”), fue una mujer común y corriente, ni más ni menos que cualquier mujer hebrea de la época de la dominación romana.
La suelen llamar “bienaventurada”, pero no mejor que cualquiera de ellos. No me ha faltado ocasión de toparme con protestantes que incluso se han comparado con la Virgen María, diciendo algo parecido a: “sí, María es llena de gracia, como igualmente nosotros somos salvos y llenos de gracia”.
Aquí vale la pena recordar la parábola del Fariseo y el Publicano (Lucas 18:10-14)...
LA HUMILDAD EN LA VIDA DE MARÍA
María era una doncella hebrea, sencilla, humilde y obediente a Dios. Cuando el ángel Gabriel llega ante ella, le anuncia que va a ser MADRE DEL MESÍAS (Lucas 1:30-32): Transcribimos a continuación el diálogo entre el ángel Gabriel y María: (Las citas son de la Biblia de Jerusalén):
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
«No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
«¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
María, en vez de ensoberbecerse con tal noticia, reacciona con HUMILDAD, declarándose “esclava del Señor”. Resultado de este rápido diálogo entre María y el Ángel, encontramos dos grandes virtudes en María:
1.- La Gracia, de la que está llena según las palabras del ángel.
2.- La Humildad y la Sencillez.
En el Magnificat (Lucas 1: 46-55), María nuevamente resalta su humildad ante la atención que Dios ha fijado en ella, escogiéndola para Madre de su Hijo:
«Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador,
porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada. »
Esa virtud de María no nos debe pasar desapercibida, María tenía una humildad excepcional. Tanta sencillez y humildad, lejos de convertirla en una “mujer común y corriente”, como nos la quieren presentar los hermanos separados, era una mujer FUERA DE LO COMÚN. No es de creerse que Dios, al momento de decidir quién sería la MADRE del MESÍAS, escogiera al azar, a cualquiera, al fin y al cabo, "daba igual" María que otra.
¿En serio? ¿Un cristiano medianamente serio creería eso?. El misterio de la Encarnación resulta muy liviano en la versión protestante: Dios no tiene motivos para hacer las cosas, las hace COMO SEA, escogiendo al azar y haciéndolo todo por azar.
¿No suena un poco a “lógica” atea? “Todo eso es casualidad”, que fue María y no otra, fue "pura casualidad".
Yo por lo menos; no comparto tal opinión, y me permito explicar lo que yo creo:
-Dios tuvo UNO O VARIOS, motivos para elegir a María.
-La eligió para algo nada COMÚN Y CORRIENTE, para que en su cuerpo virgen encarnara Dios mismo. Puesto que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, era DIOS MISMO quien se iba a encarnar en María. No es de suponerse que Dios busque para sí “cualquier cosa”.
-Puesto que la eligió a Ella, debe ser porque ELLA ALGO TENÍA, que Dios quería: una pureza, humildad, sencillez y bondad FUERA DE LO COMÚN, excepcionales: una mujer como ninguna otra.
Esto servirá un poco para que los hermanos separados entiendan por qué los católicos respetamos y honramos tanto a María: Por ser una mujer como ninguna otra. [Ya si ellos saben de otra igual a María, que nos la presenten, estamos ansiosos de conocerla]
EL DOLOR EN LA VIDA DE MARÍA
Después del gozoso anuncio del ángel Gabriel, y del nacimiento de Cristo en el pesebre de Belén, para un día verse clavado en una cruz por el perdón de los pecados; María y José fueron a cumplir el rito de purificación exigido por la Ley de Moisés: Lucas 2:21-24 nos narra este episodio.
¿Qué podía pedir María en aquel momento?
Era sin duda feliz. Tenía un hijo, vivía con sencillez, pero en la gracia de Dios. Sin duda pasaba por unos momentos de dicha, pero...
El primer momento de dolor en la vida de María, como nos lo narran los evangelios, inicia con la siniestra profecía del anciano Simeón.
Simeón entró en el Templo y al ver al niño alabó al Señor; por fin podía morir en paz, pero luego de alabar a Dios, advirtió a María que UNA ESPADA LE ATRAVESARÍA EL ALMA. (Lucas 2:35)
Tal vez María no comprendió entonces el significado verdadero de estas palabras, expresadas en forma de metáfora. Se habrá retirado tal vez preguntándose, atemorizada, ¿Qué había querido decir el anciano Simeón?
“Una espada te atravesará el alma”... es decir, María iba a pasar por un gran DOLOR, una gran desventura, un gran sufrimiento.
Faltaban 33 años para tal acontecimiento...
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Muchos años después, fue cuando la profecía de Simeón se cumplió: María vería a su Hijo, al que ella envolvió en pañales y tuvo en sus brazos, a quien crió y vio crecer.... lo vería golpeado, humillado, traicionado, sangrante de la cabeza a los pies, coronado de espinas, camino de un suplicio cruel e injusto, cargando una cruz en la que sería clavado sin compasión por los romanos, expuesto a las burlas y oprobio.
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¿Qué habrá podido sentir María en aquel momento? Enteramente, como si una espada le atravesara el alma.
¡Qué contraste entre el hermoso anuncio del ángel, y este momento de dolor y tinieblas!
Y es que al sufrimiento del corazón se añade algo misterioso e incomprensible para la razón: Un Dios que entrega a Su Hijo para que muera en una Cruz.
¿Cómo hubiera podido reaccionar María?
Pudo gritar: “¡Dios Mío, yo confié en ti, y mira lo que me has hecho!”
En vez de ello, María reacciona con su humildad de siempre: Aceptando la voluntad de Dios, como verdadera esclava del Señor.
Dios lo quiso así... Dios le dio un Hijo, Dios se lo quita ahora, y como diría Job: “¡Bendito es el Señor!” (Libro de Job 1:21)
Y como último gesto de despedida a su Madre, en lo que fue su vida terrena, Cristo la deja en buenas manos, en las del Apóstol San Juan.
¡Qué duro sería para María, saber que su hijo estaba a punto de morir, en la flor de su vida, coronado de espinas y clavado en una cruz!
Pero aún falta otro momento de dolor en la vida de María: Su Hijo ha resucitado, la gloria de Dios se ha mostrado en la Resurrección de Cristo: La Pasión está consumada, y el Sacrificio ha cumplido su objetivo: La Redención.
Pero ahora, cuando Cristo había vuelto... tiene que irse de nuevo, tiene que volver al Padre, su misión en este mundo ha llegado a su fin.
Y una vez más, María se ve separada de su hijo.
-Se separó de Él cuando Cristo fue a predicar el Evangelio durante tres años.
-Se separó de Él cuando Cristo murió en la Cruz.
-Y ahora se separa de Él cuando vuelve al Padre, de regreso en vuelo a la gloria celestial.
¡Una vez más María es humilde! Acepta aquella separación, porque DIOS LA QUIERE. Su voluntad de aceptar la decisión divina es absoluta: Ella confía en Dios.
LA FELICIDAD EN LA VIDA DE MARÍA
¿Qué queda por delante en el camino de María al Señor?
Ya hubo humildad, temor, crecimiento, finalmente dolor y aceptación.
Como ninguna otra mujer, María ha visto a su Hijo morir INJUSTAMENTE, EN UNA CRUZ, BAJO TORMENTOS ESPANTOSOS, y lo ha visto irse lejos de ella, elevándose de regreso al cielo.
Tanto sufrimiento y dolor... ¿No merecen un consuelo?
El Dios misericordioso, ¿No habría de premiar a María por su extraordinaria fidelidad y confianza, pese a todas las difíciles pruebas?
El Hijo, ¿No quería a Su Madre tanto como Ella a Él?
Los hermanos separados ignoran casi por completo este punto: Que María y Cristo tenían sentimientos humanos, ya que Cristo fue verdadero hombre.
¡Pocas cosas son tan dulces y santas, como el encuentro de un Hijo con su Madre, luego de una dolorosa separación!
Así creemos, por lo tanto, que Cristo no fue ingrato con María, como ella no lo había sido con Dios:
Asunta al cielo en cuerpo y alma, intercede por nosotros, Santa María.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
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