¿Qué es más importante, la creación de viviendas
o la creación de fuentes de trabajo?

Por Luis Pazos






El decidir qué va a producir una sociedad implica un sacrificio de no producir otros bienes.

Vista la sociedad o nación como una unidad, podemos compararla a una familia que tiene determinados ingresos. Esos ingresos los distribuirá en comida, en ropa, en mejorar su vivienda, en diversiones; pero no podrá esa familia dedicar todos sus ingresos a un solo renglón: tendrá que hacer una distribución según crea que son sus necesidades, y sabe que si come más, dejará de vestir mejor, y si viste mejor, dejará de comer más. El aumento de gastos en un renglón trae necesariamente la disminución en otro, cuando no hay variación en los ingresos. Toda nación, al igual que una familia, tiene que formar su escala de valores y considerar qué necesidades son las que primero tiene que resolver.

Qué mas quisieran los gobiernos patriotas y los sectores privados que terminar con todos los problemas. Por buena voluntad nada queda, lo que falta son recursos; pero los recursos no se dan en el aire.

Los recursos provienen del ahorro y son el fruto del trabajo, el fruto de producir más de lo que se consume. Nuestros países, por lo regular, consumen más de lo que producen y tienen que recurrir a los préstamos en el extranjero para poder pagar todo aquello que consumieron y no produjeron. El día que se produzca más de lo que se consume, empezaremos a ser fuertes; pero, cuando con lo poco que se produce se quieren resolver todos los problemas, las cosas quedan en buenos deseos.


Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Alemania quedó destrozada, fue el país perdedor. Existió un plan de ayuda a los países europeos, financiado por los Estados Unidos, llamado el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa. Los directivos del Plan Marshall le querían imponer a Alemania que construyera viviendas, porque, según ellos, era una necesidad primordial. Muchas ciudades completamente arrasadas, familias sin hogar, etc. Los peritos planificadores de los Estados Unidos (que gustan de planificar en todo el mundo menos en Estados Unidos), les dijeron a los alemanes que tenían que construir viviendas.
Los alemanes se negaron redondamente, decisión que les costó interminables críticas de parte de los defensores de la colectividad, que lo vieron como un herético egoísmo.
Pero, ¿Qué es lo que Alemania quería hacer e hizo con ese dinero? Lo que hizo Alemania fue crear fuentes de trabajo, industrias. ¿Para qué sirve una casa a una gente que no tiene ingresos o con unos ingresos miserables? Lo que necesitamos es crear industrias para que tengan ingresos permanentes. Las casas vendrán con nuestras industrias. En tanto que incrementemos la industria, el mismo obrero construirá su casa. No le vamos a dar casa a un sector del pueblo mientras casi todos se están muriendo de hambre, porque no tienen en dónde trabajar.

Esa política llevó al éxito económico a Alemania Occidental. Actualmente, en Alemania no sólo se ha elevado el nivel de vida del trabajador alemán, sino que se ha dado trabajo a miles de obreros de otros países.
La pregunta que se nos plantea ante la realidad iberoamericana es la siguiente: tenemos un déficit de más de 30 millones de viviendas en Iberoamérica, que en realidad no es que la gente no tenga casa, sino que vive en condiciones infrahumanas. En el censo de 1960 se dijo que el 75 por ciento de las personas vivía en condiciones antihigiénicas. Sí hay casas, pero casas completamente antihigiénicas, impudorosas, que necesitan ser mejoradas. Pero ¿cuál es el problema mayor y primordial?, ¿darles casa a los trabajadores que ya tienen una fuente de trabajo?, ¿o darles trabajo a 70 millones de jóvenes que buscarán en esta década (70´s), una forma de ganarse la vida, aparte a los ya desocupados, que cada día aumentan, como analizan muchos organismos?

La respuesta correcta es crear fuentes de trabajo y buenas escuelas. Las buenas escuelas no solamente significan la construcción de edificios, sino la formación de maestros, y los gastos para pagar maestros que no sean demagogos. Las fuentes de trabajo y la buena educación son los únicos medios para acabar con la pobreza.

Fuerza de trabajo hay de sobra en Iberoamérica. Lo que falta es preparación de esa fuerza y empresarios con capitales y garantías que la coordinen y la hagan producir.
La falta de viviendas es consecuencia de la falta de fuentes de trabajo. Tratar de resolver el problema de la vivienda construyendo viviendas que no respondan a una realidad económica, es no llegar a las causas del problema.
Sin empresas productivas no se puede resolver ningún otro problema: es ilusorio pensar en cualquier solución estable y verdadera, si antes no está resuelto el problema de hacer que produzca la mayor parte del pueblo.

Iberoamérica tiene que dedicar sus recursos a la creación de empresas productivas, después a la educación y a obras de infraestructura.

En las condiciones actuales de los países iberoamericanos no se justifica ninguna distracción de recursos para solucionar problemas como el de la vivienda, que en sí es consecuencia de otros problemas más graves.

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