El marxismo; ideología de la destrucción Por Luis Pazos
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Aparentemente, las ideologías y concepciones teóricas del mundo que se manejan en los centros de educación superior en los países iberoamericanos, no tienen una mayor importancia para nuestra realidad social; sin embargo, de las concepciones erróneas y equivocadas de la sociedad, salen las políticas económicas y sociales que pretenden, teóricamente, lograr una sociedad más justa, pero que en realidad lo único que están logrando es destruirla.
Hay que ver claro que con base en concepciones filosóficas destructivas y negativas, no podemos construir una Iberoamérica libre e independiente.
Una de las concepciones que más daño han hecho a los países en desarrollo es la dialéctica marxista. La dialéctica marxista es por naturaleza una forma de pensar destructiva, pues busca enfrentar y no unir, busca destruir y no unificar.
El pensamiento marxista se refleja en la interpretación de los fenómenos sociales en todos los órdenes. Por ejemplo, en el aspecto internacional, se busca el enfrentamiento entre países pobres y ricos, desarrollados y subdesarrollados, potencias y tercer mundo.
En el aspecto nacional se busca la confrontación entre pobres y ricos, campo y ciudad, marginados contra no marginados, estudiantes contra autoridades, gobierno contra empresarios.
En el aspecto social, los razonamientos marxistas buscan crear divisiones; por ejemplo, el llamado "movimiento de liberación femenina", enfrentamiento entre hombre y mujer. Otro producto de la dialéctica marxista es la llamada "brecha generacional": jóvenes contra viejos. Aun en la misma Iglesia, la dialéctica marxista ha causado estragos, dividiéndola en "progresista" y "tradicionalista".
¿Por qué es destructiva y negativa la dialéctica marxista?
La concepción marxista está basada en el enfrentamiento de los contrarios. Una de las bases del análisis sociológico de Marx es la lucha de clases: trabajadores contra capitalistas, en otras palabras, la lucha entre los factores de la producción. Lucha que destruye la producción, pues para que un país produzca debe haber armonía entre los diferentes factores productivos. Y la mejor forma de terminar o hacer que disminuya la creación de riqueza en un país, es inculcar un antagonismo de intereses entre los factores productivos.
El marxismo es la filosofía de la destrucción. Sirve, por esencia, para destruir y enfrentar, y no para construir y progresar. O, ¿es posible que bajo el signo de la liberación femenina se construya un hogar feliz? ¿Que bajo el signo de la lucha de países pobres contra ricos se logre la solidaridad entre las naciones? ¿Es posible que la producción de un país pueda aumentar cuando los obreros piensan que los empresarios son unos ladrones que se quedan con la mayor parte de su trabajo (plusvalía)?
La lucha de los contrarios o planteamiento de la realidad social con base en la dialéctica marxista, está diseñada para destruir a la sociedad. La dialéctica marxista es más peligrosa para cualquier sociedad que la invasión de un ejército extranjero, pues envenena las mentes de sus ciudadanos. Hace que las conciencias sean sólo aptas para la destrucción.
Cuando una potencia tiene interés en evitar el progreso de un país o de un grupo de países, no es necesario que les mande un ejército, sino ideólogos marxistas, que son la mejor garantía de mantener a un país en el atraso, en la lucha interna y en un clima de odio entre todos los sectores sociales.
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