Los socialistas, ¿aliados de E.U.A.? Por Luis Pazos
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¿Quién pone en peligro la superioridad norteamericana?
Pensar en la U.R.S.S. y demás países socialistas como los competidores de Estados Unidos por la hegemonía técnica y del mercado mundial, sólo pueden ser producto de la más elemental ignorancia de la realidad económica internacional. Al analizar las relaciones entre Estados Unidos, la U.R.S.S. y China, es fácil darse cuenta de que todos los países socialistas son sólo enemigos verbales de los Estados Unidos, pero de hecho son sus mejores clientes.
Casi toda la tecnología petrolera, tractores, computadoras, etc., con que cuentan los soviéticos, ha sido suministrada por los Estados Unidos.
Los Estados Unidos es uno de los proveedores más importantes de China y la U.R.S.S. y el intercambio comercial entre esos países es altamente favorable a los Estados Unidos. Además, ningún producto o tecnología de la U.R.S.S. y China representan competencia alguna para los productos y tecnología norteamericanos en el mercado internacional.
Lo anterior nos hace concluir que Estados Unidos está muy a gusto con los países socialistas, pues éstos son muy buenos clientes, pagan muchas de sus operaciones en oro, al contado, y no representan ninguna competencia en los mercados internacionales.
¿Quiénes son, entonces, los verdaderos enemigos del imperio económico y político norteamericano?
Los verdaderos enemigos de la superioridad económica absoluta de E.U.A. son los países que producen mercancías y tecnología que compiten en el mercado internacional y dentro de E.U.A. contra las mercancías y tecnología norteamericanas.
En la actualidad, los países que representan un peligro para los Estados Unidos no son países con economía socialista o centralmente planificada, sino los de economía de mercado, como Alemania y Japón, con los que E.U.A. tiene fuertes déficits en su intercambio comercial.
Muchos sectores, en los Estados Unidos, tratan de que no surjan nuevos países con economía de mercado que pongan en peligro su superioridad. Y la fórmula más eficaz que han encontrado, sobre todo el partido demócrata, sindicatos y algunas empresas, es recomendarles a los posibles competidores, a través de lecturas intelectuales y políticas que se dicen nacionalistas y antiimperialistas, medidas estatizantes y socializantes que aseguran su atraso, endeudamiento y dependencia.
Esos sectores norteamericanos tienen miedo a que nuestros países adopten un sistema económico productivo y eficiente, pues significaría para ellos una competencia indeseable para su dominio de gran parte de la economía mundial. Sus capitales emigrarían a nuestra región, debido al bajo costo de la mano de obra y materia prima, y por otra parte, nuestros productos empezarían a invadir su propio mercado y los mercados internacionales.
La principal preocupación de E.U.A. es tener los menos competidores posibles en el mercado internacional, y la mejor forma de conseguirlo es suministrando recetas socialistas y estatistas, que tan sutilmente recomiendan a los gobernantes iberoamericanos, que combinada con la “pose antiyanqui”, produce gobernantes que sólo son verbalmente antiyanquis -aunque no lo sean económicamente-, y que sus declaraciones se limitan a gritos impotentes e insultos de desesperados.
Es paradójico que los que dicen combatir el imperialismo norteamericano son los que con mayor eficacia han ayudado a sostenerlo en el mundo.
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