Las empresas trasnacionales Por Luis Pazos
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Es frecuente, en nuestros días, leer artículos u oír comentarios de personas que se consideran o se dicen versadas en problemas económicos y políticos, sobre el “peligro” de las empresas trasnacionales; a las que señalan como un pulpo que estrangula la economía de nuestros países. Dichas personas aportan datos sobre la potencialidad económica de las trasnacionales, de sus injerencias en la política de nuestros países y plantean la situación en tal forma que se llega a la conclusión, si seguimos sus razonamientos, de que las trasnacionales son altamente perjudiciales a nuestros países. El principal argumento de los atacantes de las trasnacionales, que toca los hilos sentimentales de nuestros pueblos, por el lado del falso nacionalismo, y permite hacer demagogia en contra de esas empresas, es que “aumentan nuestra dependencia del extranjero”. Este juicio es falso, y a continuación lo demostraremos.
Las trasnacionales, en realidad, aumentan la dependencia del extranjero respecto a nosotros y no la de nosotros respecto de él. Todo artículo que necesite un país y no lo produzca, implica dependencia respecto del país productor. Cuando se empieza a producir artículos necesarios para nuestro país o el extranjero, aunque sea por empresas extranjeras, la dependencia respecto del exterior disminuye, ya que el artículo es producido en territorio nacional: la dependencia aumenta para el país extranjero que compra artículos a otro país aunque la empresa tenga su matriz en él.
El caso de México:
Las necesidades del exterior (importaciones) de México, las satisfacen en un 70% los Estados Unidos. Las necesidades de importación de los Estados Unidos son satisfechas por México en sólo un 4%. Estados Unidos compra entre un 70 y un 80% de las exportaciones mexicanas. La triste realidad es que los Estados Unidos, aunque no tuvieran una sola empresa trasnacional en México, podrían crearle una tremenda crisis económica o influir en su vida política, económica y social, con el solo hecho de dejarle de comprar o vender. Ahí es donde radica la verdadera dependencia de México respecto a Estados Unidos y no en las trasnacionales. La única forma de terminar con esa dependencia, es aumentar nuestra producción interna y, según las condiciones económicas actuales, esto se podrá lograr solamente mediante la inversión extranjera y el establecimiento de empresas trasnacionales, que son las únicas que pueden darnos un impulso hacia el desarrollo; ya que los préstamos del extranjero sólo han logrado mantener un grado ficticio de crecimiento y aumentar nuestra dependencia.
Los enemigos de las trasnacionales… ¿Los Estados Unidos?
La mayoría de los libros, estudios y datos que tienden a desacreditar a las trasnacionales provienen de los Estados Unidos, país donde tienen su matriz la mayoría de esas empresas.
¿Por qué economistas y diversas organizaciones norteamericanas tienen interés en formar una imagen negativa de las empresas trasnacionales en nuestros países?
Aunque parezca paradójico, son sectores del pueblo y gobierno norteamericanos los principales afectados cuando sus empresas establecen filiales en los países iberoamericanos, porque las empresas norteamericanas, ya no crecen ni invierten dentro de los Estados Unidos, lo que significa para ellos:
a) Desempleo.
b) Pérdida de ingresos por mano de obra.
c) Competencia desventajosa para las empresas nacionales norteamericanas, ya que la mano de obra y la materia prima que utilizan las empresas trasnacionales son más baratas, reducen costos y les permiten vender en los Estados Unidos sus productos a precios más bajos que los producidos por empresas nacionales.
Las grandes uniones de obreros, muchos empresarios y políticos estadounidenses, se han dado cuenta del peligro que significa la competencia de las trasnacionales, por lo que, a través de universidades, periódicos y partidos políticos, como el demócrata, se han propuesto hacer una campaña en contra de las empresas trasnacionales. Campaña que ha encontrado eco en economistas, investigadores, movimientos y partidos en los países iberoamericanos que se dicen enemigos de los imperialismos; pero que en realidad, consciente o inconscientemente, cooperan con los Estados Unidos en perjuicio de nuestros países, aunque de palabra digan o crean estar haciendo lo contrario.
Descapitalización
Se han efectuado estudios de organismos como la CEPAL (Estudio Económico de América Latina 1971), donde, en forma parcial y tendenciosa, tratan de demostrar que es más el capital que se llevan las trasnacionales por concepto de utilidades, que el que aportan. Dicho estudio toma en cuenta ganancias de todas las empresas extrajeras: recientes y antiguas, en contra de capital inicial en sólo determinado periodo de tiempo. Lo único que demuestra esa comparación es que la entrada de nuevos capitales invertidos con anterioridad en la región, debido, en gran parte, a la hostilidad de los gobiernos y empresarios hacia la inversión extranjera. Además, no considera la producción generada por las trasnacionales, la derrama de dinero en empleos, impuestos, gastos y las actividades económicas paralelas que propician. Las empresas trasnacionales, en su mayoría, representan más ventajas que desventajas para las ya dependientes economías iberoamericanas, y son instrumento para lograr independencia económica, tal como la logró Estados Unidos a principios del siglo XIX, gracias a las inversiones extranjeras. Actualmente los E.U.A. tratan de frenar por medio de campañas contra las trasnacionales, la fuga de sus capitales y empresas hacia otros países, que ofrecen mejores condiciones de inversión.
En realidad, todos los economistas, políticos, movimientos, partidos y demás personas que creen o dicen defender la soberanía de nuestros países atacando a las empresas trasnacionales, no hacen sino favorecer a los Estados Unidos de Norteamérica y obstaculizar el desarrollo de nuestros pueblos.
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