Gobierno, Universidad y Empresa Por Luis Pazos
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Integración es un concepto que implica coordinación, unión. Es, en otras palabras: “el establecimiento de una interdependencia más estrecha entre las partes de un ser vivo o entre los miembros de una sociedad”.
El concepto integración no sólo es aplicable en el ámbito internacional, sino también en el interno de cada país.
Integración implica cooperación y armonía. No podemos hablar de integración y armonía si tratamos de eliminar y quitarle sus propiedades al vecino. Lo contrario a Integración es división.
La manera más segura de destruir una familia o una sociedad, es poner a pelear a sus miembros entre sí mediante el odio y la lucha de clases, que trae como consecuencia inevitable el debilitamiento y el aumento de su dependencia.
Con toda razón decía el preclaro libertador y forjador del ideal de la integración, Simón Bolívar.
“Si la sagacidad y la intriga de nuestros enemigos logra sembrar la discordia, suscitar la rivalidad en las clases de nuestra sociedad, dividir nuestros corazones, nuestros deseos y nuestros intereses, entonces seremos infaliblemente la presa del invasor”.
Vemos con tristeza cómo el odio entre las clases sociales es cada día más fuerte en nuestros países. Agentes de los imperialismos, conscientes de que la mejor manera de debilitar a una nación es sembrar el odio entre hermanos, fomentan sistemáticamente la lucha interna: de pobres contra ricos, de obreros contra patrones, de estudiantes contra maestros, de gobierno contra empresa privada, de hijos contra padres, etc.., como la mejor fórmula para mantenernos en el subdesarrollo.
Es clara la disyuntiva que tenemos los Iberoamericanos:
1) Fomentar la lucha de clases, que produce el caos económico-político y deja a nuestros países en un estado de indefensión y atraso, haciéndolos fácil presa de los imperialismos, o
2) Fomentar la unión de nuestras clases sociales y de nuestros países, para lograr un progreso integral y verdadero para la mayoría.
La integración y el progreso material de un país se da cuando hay coordinación entre los tres sectores siguientes:
Gobierno-Universidad-Empresa
Cuando cada uno de estos sectores respeta las actividades de los demás y ve en ellos una complementación de sus propias actividades, el país progresa.
Pero, ¿qué pasa en la realidad de nuestros países?
Ninguno de estos tres sectores tiene respeto por los demás; cada uno de ellos invade actividades de los otros y aun trata de destruirlos.
Cuando el empresario, cosa que ciertamente ya no ocurre en México, quiere tener poder político, se convierte en un cacique, que dispone de vidas y haciendas. Se vuelve nefasto para la comunidad.
Cuando el gobernante se quiere convertir en empresario, resulta la catástrofe económica para el país, derrocha los dineros del pueblo y tiene que ocultar su fracaso con discursos demagógicos que acaban por aburrir y hacen que después se desprecie a los gobernantes.
Cuando el universitario, en lugar de estudiar y prepararse, para tener las bases necesarias y poder resolver con sus conocimientos los problemas de su país, se lanza a las calles como instrumento de reformas y de cambios que no son soluciones para nada, acaba por ser despreciado por el gobierno, por los empresarios y por el pueblo en general. El calificativo "estudiante" se vuelve negativo, y nadie ve en el estudiantado la esperanza de la Patria, sino su perdición.
Esta es la situación que desgraciadamente vivimos en nuestros países y que sólo podrá ser resuelta cuando, en un reajuste sincero de funciones, el gobernante se dedique a gobernar, el empresario se dedique a producir y el universitario se dedique a estudiar.
Cuando Gobierno, Universidad y Empresa marchen en franca unión respetando las actividades de cada sector, se empezará a sentir un progreso verdadero y firme en nuestros países.
El gobierno debe ser el depositario del poder político.
La Universidad debe ser la principal depositaria y fuente del progreso educacional y técnico.
La empresa privada debe ser la depositaria y fuente de la producción de bienes y servicios.
Cuando se rompe este equilibrio, se corre el riesgo de caer, tarde o temprano, bajo un régimen despótico, dictatorial y totalitario.
Cuando además, hay concordia entre el poder espiritual y el temporal, se asegura y se ennoblece el progreso material.
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