DENTRO DE LA APOLOGÉTICA PROTESTANTE...
Ignorantes y Arrogantes

Tomado del libro De católico a protestante, ¿una opción sensata?, de Jesús Ortega González





*Nota: El autor se dirige principalmente a lectores mexicanos.


-Presumidos:


La frase atribuida a Sócrates: "Sólo sé que nada sé", podría considerarse fuera de realidad, si tomamos en cuenta que este hombre tuvo una enorme influencia en la Filosofía Griega, no obstante que no dejó nada escrito.
Y si tal fue su influencia, se sigue que su saber no fue escaso en la ciencia especulativa (fue, por ejemplo, amigo íntimo de Jenofonte, el historiador griego autor de la Anábasis, y tuvo influencia sobre Alcíbiades, protagonista de las Guerras del Peloponeso entre Atenas y Esparta).
Entonces, ¿cómo explicar su confesión? Creemos que Sócrates tenía una visión real de lo que es la sabiduría en su conjunto, y que el grado de su cultura no lo medía con la generalidad de los hombres, respecto de los cuales sí sabía mucho, sino que lo refería a la misma sabiduría, la que tiene una amplitud inabarcable en su totalidad por ningún ser humano. Situado, pues, Sócrates, ante esa perspectiva, sí pudo declarar sin falsa modestia: "Sólo sé que nada sé".

Ahora bien, en el ámbito protestante se da el curioso y colectivo fenómeno psicológicamente merecedor de un estudio por especialistas, de que sus adeptos, en su mayoría, creen, al contrario del célebre pensador griego, que sí saben mucho.
Efectivamente, toda persona que lo desee puede constatar cómo estos señores, sugestionados por sus dirigentes, han dado por hecho consumado que saben mucho, y así lo pregonan sin que los detenga ni la prudencia, ni el concepto auténtico del saber, que está ausente de su mente.


-Bajo nivel intelectual:


Desde luego, cabe apuntar que el Protestantismo logra conseguir seguidores entre las personas del más bajo nivel intelectual, pero aunque consigue algunos prosélitos profesionistas, éstos carecen de una auténtica formación en el área religiosa y concretamente no se han enterado de lo que es el Catolicismo, ni en su doctrina ni en su historia.
Es por esto que personas así resultan campo propiciamente abonado para sembrar toda clase de errores, de ideas, con tal que vayan acompañados con apariencia de verdad.
Como se partió de cero, o casi de cero en cuanto a conocimiento religioso, poco se practicó la fe y fueron escasos los elementos de cultura profana, lo que se les enseñó de la Biblia impactó profundamente a los evangélicos; llegaron a admitir sincera, pero infundadamente, que se pasó de la ignorancia a la sabiduría y sintieron ampliarse su horizonte espiritual; se les llevó a aceptar que todo saber religioso tiene a la Sagrada Escritura como única fuente, y se les inculcó el desdén por todo lo que no está contenido en el Libro Divino.


-Confusión:


Toda vez que los protestantes carecen de un método didáctico religioso -que sí lo tiene el Catolicismo-, suplen esta falta con la Biblia, que es utilizada como texto para impartir sus enseñanzas. Pero si este libro es el fundamento de la fe del cristianismo, no es un método adecuado para el aprendizaje, donde con precisión estén divididos el dogma, la moral, los sacramentos, los cuales se localizan en pasajes separados, del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Añadamos a lo anterior que muchas sectas mezclan la fe con la moral, es decir, que catalogan como creencia lo que está definidamente en el campo de la ética o la disciplina. Esto pone de manifiesto que ni siquiera tienen la capacidad para hacer la correspondiente distinción.


-Como pericos:


Sin recibir propiamente una formación religiosa y cultural, a los propagadores del error se les urge a que memoricen versículos bíblicos, a fin de tratar de fundamentar las teorías que sostienen, principalmente cuando se intenta menoscabar la autoridad de la Iglesia. Y en efecto, su lenguaje está acompañado de abundantes citas bíblicas. Que esas referencias estén ligadas lógicamente a una tesis, eso es otra cosa.


-Falta de cultura religiosa y profana:


Por otra parte, a juzgar por la forma de expresarse, a muchos hermanos separados para nada les preocupa hablar con propiedad el lenguaje de Cervantes, en el cual soy deficiente; pero ellos logran superarme en deficiencia; no les interesa estar enterados de los problemas de nuestra patria en los aspectos cívico, político y social, y menos tienen la noción de cómo resolverlos; no son pocas las sectas que rechazan el estudio de la teología y, consecuentemente, no se van a profundizar en el terreno de la fe; no pueden tampoco penetrar con hondura en la esencia de las cosas, puesto que se desentienden de la filosofía, y finalmente, no se benefician con las lecturas de los clásicos literarios, pues desconocen hasta el nombre de los autores.
En relación con la historia, carecen de un efectivo conocimiento de ella, ya que sólo han asimilado ideas prejuiciosas, parciales, aisladas de su contexto, como cuando afirman sentenciosos que la Iglesia Católica fue fundada (!!!) por Constantino, que los papas "no son infalibles porque se condenó la teoría de Galileo", y cosas parecidas. Esta forma de pensar la calificamos de prejuiciosa, pues jamás los protestantes se han dado a la tarea de verificar si lo que creen está apegado al genuino acontecer histórico.


-Brincando por aquí y por allá:


Esto explica por qué son incapaces de presentar una exposición que se ajuste, en extensión y en contenido, al desarrollo de una tesis, de un tema determinado. Por eso se ven obligados a saltar, en menos de lo que canta un gallo, de lo esencial a lo accidental, de lo institucional a lo individual, del dogma a la moral, de la teoría a la práctica. Es obvio que con este procedimiento arbitario no se puede llegar a una conclusión valedera.

Con una descentrada mentalidad en muchos aspectos e ideales predominantemente subjetivos, en confrontación con católicos desconocedores de su fe e incapaces de defenderla airosamente, a los protestantes les pareció que en la vida real se confirmaba su particular punto de vista de que ellos, los evangélicos, sí saben mucho.

A este tipo de personas que tan prontamente se les ha metido en la cabeza que son suficientes en sabiduría, les sería muy útil enterarse de que a sus hijos estudiantes se les dan nociones de gramática, aritmética, álgebra, biología, zoología, física, química, geometría, civismo, derecho, historia, etc. La sola aparición de estas materias les daría, a los evangélicos, una idea aunque sea aproximada, del vasto campo del saber y probablemente los llevaría a reflexionar también acerca de lo limitado de la capacidad intelectual de la mayor parte de los humanos, pues tan sólo en un área del conocimiento, hay personas que ocuparon la mayor parte de su vida, sin que pudieran decir que hubieran agotado la materia a estudiar.
Cuando sostenemos que los seguidores del protestantismo no se dan cabal cuenta de que son escasos sus conocimientos, no queremos indicar que deben poseer necesariamente una formación enciclopédica ni que requieran ser peritos cuando menos en determinada ciencia profana: lo que se pide es que siquiera se posea la indispensable capacidad en la docencia religiosa.


-Preparación al vapor. Ciegos que guían a otros ciegos:


Ahora veamos la confesión de un mismo protestante:

"El movimiento misional moderno ha vivido una agonizante dieta teológica... El problema fundamental para el Protestantismo está en el desacuerdo manifiesto que rige entre ellos sobre la esencia misma del Cristianismo, del Reino de Dios, de la Iglesia Cristiana. Mientras no se pongan de acuerdo sobre la naturaleza de la Iglesia, su catequesis y su educación religiosa, seguirán sufriendo las mismas consecuencias de ambigüedad y contradicción"
(Pedro Rivera, Instituciones Protestantes en México)

Nada tiene pues, de extraño, que con estas tan pocas aspiraciones de superación cultural, la mayoría de las sectas habilite, de la noche a la mañana, al vapor, a pastores y propagandistas, a pesar de que su instrucción sea a todas luces deficiente. Todo se arregla, como ya lo anotamos, con que se aprendan citas bíblicas clave y repitan las ya tan gastadas acusaciones contra el Catolicismo.
Ante esta exigencia de capacitación, se podrá aducir que es arbitrario, fuera de lugar, reclamar que los predicadores evangélicos tengan suficiencia cultural, sin embargo, el escritor, el periodista, el locutor, el autor, el orador, y concretamente, el sacerdote católico y el pastor protestante, sí tienen la obligación de estar a la altura del papel cultural que su ministerio requiere.
En la vida ordinaria, si cualquier individuo, sin la necesaria preparación, pudiera ostentarse como doctor en medicina y ejerciera la profesión, ¡imagínense los grandes prejuicios, los inumerables males que causaría a quienes se pusieran en sus manos!

Si con toda razón se puede calificar de criminal al incapaz que usurpa la profesión de médico y causa la muerte a alguien, ¿cómo catalogar al irresponsable que sin poseer los conocimientos religiosos necesarios, y peor aún, sin tener autoridad de magisterio, se constituye por sí mismo en conductor espiritual y pone en peligro la vida eterna de los hombres?




SEA PARA GLORIA DE DIOS