La 'Historia Negra' de la Iglesia

PENSAMIENTO Y ESPÍRITU DE LOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XVI

Por José Luis Guerrero Rosado



INTRODUCCIÓN


Historiador especializado en las Apariciones de Ntra. Sra. de Guadalupe, José Luis Guerrero Rosado es canónigo de la Basílica de Guadalupe, licenciado en Derecho Civil y Canónico. Sus obras principales son Flor y Canto del Nacimiento de México, El Nican Mopohua; un intento de exégesis, Los Dos Mundos de un indio santo, entre otras. En sus obras Guerrero estudia minuciosamente el fenómeno guadalupano, proporcionando interesantísimos elementos de análisis. Ya se verán recomendaciones y notas sobre su obra guadalupana en la Investigación Documental que sobre dicha Mariofanía estoy desarrollando.

En su obra Flor y Canto del Nacimiento de México, Mons. Guerrero se dedica a estudiar amplia y psicológicamente la Conquista de México. Para ello, y como interesante introducción, se dedica a estudiar a los protagonistas del suceso: los indios aztecas y los españoles de Hernán Cortés. Ellos, magnífico prototipo de los guerreros de España en los principios del Siglo XVI, representan a la España que comenzaba como nación y como potencia, ofreciéndonos en sus personas excelentes muestras del pensamiento militar, fervor religioso y complejidad política de su patria.
Y estudiando la influencia que tuvo la Inquisición en México, y en general en la América Colonial, conviene saber cómo eran y cómo pensaban los que trajeron dicha Inquisición: los conquistadores españoles del Siglo XVI. Estudiando su mundo se entiende algo: el espíritu guerrero y ultraortodoxo, la misma Inquisición Española, no son mas que la reacción del cristianismo ante la radical Ley Judía y la fervorosa Yihad islámica.

Del libro Flor y Canto del Nacimiento de México, extraigo el capítulo III titulado Los Españoles por el autor. Lo tomé de la edición digital de la página web de la Basílica de Guadalupe. El libro completo puede ubicarse en: http://virgendeguadalupe.org.mx/bibliografia.htm, junto con otros libros del mismo autor.

Jesús Hernández
Todas las notas al pie son originales de José Luis Guerrero.




Protagonistas de la Conquista: los Españoles del Siglo XVI



También es fácil malentender a nuestros otros protagonistas, uniformándolos en ese cliché ilusorio de "españoles". Una cosa que puede sonar de primera impresión absurda, pero que es rigurosamente cierta, es que "España" NO conquistó México, ni tampoco "los españoles", aunque así se llamaran ellos mismos. La verdad es que, además de que "la Conquista" fue una guerra de indios contra indios, provocada y manipulada por unos pocos blancos, estos no eran de "España", sino de CASTILLA: Fray Francisco de Aguilar O.P., que en su juventud peleó con Cortés, detalla una lista de nacionalidades: "...hubo gente de Venecia, griegos, sicilianos, italianos, vizcaínos, montañeses, asturianos, portugueses, andaluces y extremeños." [1], en la que, como puede verse, aunque figuran gentes tan inesperadamente exóticas como venecianos y griegos, brillan por su ausencia los catalanes, valencianos, mallorquinos o cualesquiera súbditos del Reino de Aragón [2], (y no olvidemos que la procedencia nacional de los "conquistadores" espirituales fue aun más variada, pues los tres primeros frailes fueron belgas, y más tarde, entre la mayoría española, hubo italianos, franceses, y hasta por lo menos un danés.). Y esto no es un dato ocioso de erudición histórica, sino una realidad que tuvo grandes repercusiones en el futuro de México, pues Aragón, que tampoco había tomado parte en la reconquista de Granada, aunque mucho menos poblado, era un reino más o menos bien organizado y disciplinado, en tanto que Castilla era un caos donde campeaban por sus fueros la venalidad y la corrupción política [3] que, como ya veremos, tuvieron mucho que ver con nuestra historia.

España apenas comenzaba a existir como nación: muy pocos años antes, resistía aún un reino musulmán en suelo ibérico, y los mismos Reyes Católicos lo eran de reinos celosamente distintos, que sólo se unirían en su nieto, Carlos I de España y V de Alemania, y no sin serios líos y rebeliones. Hoy mismo, oyendo hablar de la ETA, de protestas de catalanes, astures y demás, se da uno cuenta de que su unidad política no está del todo consolidada que digamos... En aquel entonces, apenas era poco más que un proyecto. La unidad lingüística era incipiente, en torno a la lengua de Castilla, (Hoy ya existe, bastante a la fuerza, pero todavía es fácil toparse con catalanes o vascos que se enojen de oír mentar al castellano como "español".), y no existía -ni existe- homogeneidad racial: de semiafricanos a rubios de ojos azules hay, hasta la fecha, toda la gama que uno guste.

Sin embargo, en un punto todos concordaban sin la menor discrepancia: su RELIGION. Morenos o rubios, vascos o extremeños, todos eran cristianos, sincera, profunda y hasta fanáticamente cristianos, o, más exactamente, católico-romanos, y todos entendían el serlo de manera idéntica: como una lucha militar contra quien no lo fuese. La religión de Cristo floreció en suelo ibérico casi desde que nació, en el siglo I, acompañando ahí -no siempre pacíficamente- al Judaismo, que era muy anterior. Más tarde, a principios del siglo VIII, forzó su arrolladora entrada una nueva religión oriental: el Islam, y durante siglos las tres convivieron con inevitable influencia mutua e inesperada fraternidad [4], pero ésta fue degenerando en lucha, de modo que cuando se descubrió el Nuevo Mundo esa convivencia ya había desembocado en guerra abierta y logrado el curioso efecto de unificar a todo cristiano español en una radical intolerancia religiosa, digna del Deuteronomio judío [5], y en un ardiente fervor por la "Al-Jihad", la "Guerra Santa" islámica [6], autogenando en su alma el ser religioso con el ser guerrero, y no en sentido metafórico, sino belicosamente literal, es decir, combatiendo y destruyendo aún culturas reconocidas superiores, como la de los mismos moros.

Un típico y genial español de esa época, Iñigo López de Recalde, más conocido como San Ignacio de Loyola, "militar que después de herido o inutilizado para la milicia de espada, fundó la milicia del crucifijo" [7], como lo describió Unamuno, resume a perfección ese espíritu en sus "Ejercicios Espirituales": Vocación cristiana y guerra son sinónimos. Difícilmente podría ser mejor descrita la quintaesencia del misticismo-feudalismo-militarismo español que en los tres primeros puntos de su "Meditación del rey temporal":

El Llamamiento del rey temporal ayuda a contemplar la vida del Rey Eternal":

"1o. Puncto. El primer puncto es poner delante de mí un rey humano, elegido de mano de Dios nuestro Señor, a quien hacen reverencia y obedecen todos los príncipes y todos los hombres christianos."

"2o. Puncto. El 2o. mirar cómo este rey habla a todos los suyos, diciendo: Mi voluntad es de conquistar toda la tierra de infieles; por tanto, quien quisiere venir conmigo ha de ser contento de comer como yo, y así de beber y vestir, etcétera; así mismo ha de trabajar conmigo en el día y vigilar en la noche, etc.; porque así después tenga parte conmigo en la victoria como la ha tenido en los trabajos."

3o. Puncto. El 3o. considerar qué deben responder los buenos súbditos a un rey tan liberal y tan humano; y, por consiguiente si alguno no aceptase la petición de tal rey, quanto sería digno de ser vituperado por todo el mundo y tenido por perverso caballero."[8]
, y, sin el menor remilgo ante malsonancias maniqueas, limpiamente divide al mundo en buenos y malos, alineándolos en "un gran campo de toda aquella región de Hierusalén, adonde el sumo capitán general de los buenos es Christo nuestro Señor; otro campo en región de Babilonia, donde el caudillo de los enemigos es Lucifer." .

San Ignacio distinguía entre el Rey temporal y el Rey Eternal, pero su época no distinguió. Era la mentalidad de entonces, y España la vivió a fondo, derramando torrentes de sangre, tanto propia como ajena y dentro y fuera de Europa, para llevar a la práctica esos ideales caballeresco-religiosos. Los españoles, pues, eran tan religiosos y tan guerreros como los mexicanos, pero en forma catastróficamente distinta para éstos, pues no buscaban consolidar un equilibrio cósmico titubeante, sino -muy islámicamente [10]- eliminar, por conversión o destrucción, a todo el que no pensara como ellos. Eso: el sólo pensar distinto, era crimen de lesa Majestad divina, que nada menos que la muerte podía expiar.

Hoy -en este siglo de incredulidad y excepticismo- hemos presenciado, por ejemplo en Guyana y en Persia, a qué absurdos extremos suicidas puede llevar el fanatismo religioso... No tenemos, pues, por qué extrañarnos de que hace más de cuatro lo hayan tenido quienes llegaron a México, profundamente identificados con su Fe y tanto o más convencidos de pelear contra "el gran Satán" que los fidelísimos del Ayatolah: Si en Europa exterminaron sin contemplaciones a miles de sus hermanos cristianos, por disensiones a veces mínimas; si bastaban leves matices teológicos para encender las hogueras de su Inquisición, ¿qué mucho que aquí, donde como nunca creyeron que "el caudillo de los enemigos era Lucifer", se transformasen en implacables máquinas de guerra? En su perspectiva, cualquier cobardía o acomodo hubiera constituido alta traición divina [11]; cualquier arrojo, aun llevado hasta la inconciencia y la insensatez, santo heroísmo [12]; cualquier muerte, martirio [13].

Con el descubrimiento de América se abrieron horizontes vastísimos a la expansión de esa idea: todos vieron en él una convocatoria de Dios a seguir luchando contra los infieles: "La mayor cosa después de la creación del mundo y la muerte del que lo crió, es el descubrimiento de las Indias [...] Nunca nación extendió tanto como la española sus costumbres, su lenguaje y armas, ni caminó tan lejos por mar y tierra, las armas a cuestas [...] Comenzaron las conquistas de indios acabada la de moros, para que siempre guerreasen españoles contra infieles." [14].

Y no hay que olvidar que podían darse el lujo de juntar otros motivos, menos nobles pero no menos poderosos, como la ambición de honores y la avaricia de riquezas: "La causa principal por la que venimos a estas tierra -arengaba Cortés a los suyos- es por ensalzar y predicar la fe de Cristo, aunque juntamente con ella se nos sigue honra y provecho, que pocas veces caben en un saco." [15].

Esa combinación, que era sincera, de "ensalzar y predicar la fe de Cristo" con un descarado y muy materialista interés por la propia "honra y provecho", produjo una curiosa amalgama de valores cristianos y excesos humanos, ambos tan innegables que tienen razón tanto los que, como un Solís, exaltan hasta los cielos la gloria de España, como quienes, como un Las Casas, la execran y acusan de tremendos crímenes. Y, aunque recortemos las exageraciones de ambos, el resultado final sigue siendo desconcertante, pues tan cierto es que España se prodigó entregando lo mejor de sí misma a sus nuevos dominios, como que pretendió explotarlos y mantenerlos siempre subyugados. Por ejemplo, nada más ridículo que acusar de racismo a quienes se mezclaron tan desenfadadamente con las indias que hasta crearon una raza nueva; pero, simultáneamente y con desarmante candidez, siempre sostuvieron poseer una superioridad tan innata que difícilmente se le podría dar otro nombre que el de "racial": ".. los bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, [...] en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes, y estoy por decir, que de monos a hombres." [16].

Por otra parte, también hay que tomar en cuenta, para entenderlos, que estamos ya en la época del Renacimiento, cuando el interés humano, reaccionando contra la candidez de la Edad Media, volvía a centrarse en el hombre, como puede constatarlo quienquiera que lea el Quijote de Cervantes o el Príncipe de Maquiavelo. Las instituciones, ideales y principios medievales se desmoronaban, (Y no olvidemos que Evangelio y Corán fueron el alma del Medioevo ibérico); los líderes no se ruborizaban de manifestarse cínicos y egocentristas; la autoridad intelectual empezaba a cuestionarse y a aceptarse la observación y la experiencia como base del verdadero conocimiento científico... pero eso era apenas un inicio, y la fantasía más desbocada era aún elemento "normal" de cualquier leitmotiv europeo, confundiéndose casi tanto como antes la realidad con la fantasía y la ciencia con la magia, por lo que a gentes que seriamente buscaron amazonas, monstruos, ciudades de oro y fuentes de eterna juventud, ningún despropósito podía parecerles demasiado insensato, aunque fuera tan descabellado como enfrentarse unos cuantos a millones. Además, el océano actuaba como un colador implacable que detenía toda mediocridad: El viaje a Las Indias era tan peligroso y tan incómodo [17], que sencillamente ningún mediocre lo emprendió jamás; a América no vino sino lo mejor y lo peor de España, descartándose todo término medio.

Para nuestra desgracia tuvimos más de lo segundo que de lo primero [18], y, hablando de números, la proporción de auténticos locos resultó alarmantemente desbalanceada [19].

Tampoco pensemos que España misma organizaba expediciones, enviando tropas a sueldo, especialmente entrenadas o convocadas. Eso sólo fue, y muy poco, al principio, con Colón, luego las "Conquistas", antes que operaciones militares, se convirtieron en empresas básicamente mercantiles, y "de alto riesgo", pues en ellas, así como se podía ganar muchísimo se podía perder todo, hasta la vida, y, como en todas las de su género, el incentivo era ganar lo más invirtiendo lo menos. Bernal Díaz, por ejemplo, sintomáticamente jamás omite calcular el precio de todo lo que recibían, así fueran unos cuantos o cientos de miles de pesos. Además, no era la Corona quien las organizaba, sino algún particular, con su licencia, el cual conseguía uno o varios capellanes, al menos un notario, y cuidaba de convocar a "socios" que quisieran participar, sea como "capitalistas", v.gr. poniendo barcos, pertrechos y mercancías para intercambiar con los nativos, sea como "industriales", es decir con su trabajo, alistándose ellos mismos con las armas que pudieran llevar, y las ganancias -en caso que las hubiera- se repartían en proporción a lo aportado, cobrando la Corona como impuestos la quinta parte, el "Quinto Real".

Los nativos y sus bienes venían, pues, a ser el recurso explotable de esa "Sociedad por Acciones", bien que templada la cruda agresividad capitalista de esa idea con un escrúpulo de justicia y caridad cristiana, conmovedor en su sinceridad al mismo tiempo que cómico en su tortuosidad: Colón terqueó siempre que había llegado a la India, pero pronto quedó claro que "Las Indias" no eran la India, sino un continente nuevo y virgen, apetitosamente fácil de conquistar. Sin embargo, no era lo mismo luchar contra invasores moros, que habían arrebatado territorios cristianos, que contra inocentes antillanos que no debían el menor entuerto, y es gloria de España, y en particular de la Orden Dominica, haberlo percibido desde un primer momento:

En septiembre de 1510 llegaron a la Española los primeros dominicos, alojándose en una choza. Poco más de un año después, el cuarto domingo de Adviento de 1511, vísperas de Navidad, uno de ellos, Antón de Montesinos, pero con la aprobación de todos, subió al púlpito y pronunció un sermón cuyos ecos jamás se apagarán en toda la historia del Derecho. El P. Venancio Carro O.P., analista clásico de la historia de las ideas teológicas en torno a la conquista, lo sintetiza así:

"Viendo los Dominicos, llegados a la Española el año anterior, los males que afligían a los indios, comienzan a platicar entre sí, según refiere Las Casas, juntando el derecho con el hecho, como hombres espirituales y de Dios muy amigos, y preguntarse: ¿Estos no son hombres? ¿Con éstos no se deben guardar y cumplir los preceptos de la caridad y de la justicia? ¿Estos no tenían sus tierra propias y sus Señores y Señoríos? ¿Estos hannos ofendido en algo? Preparado el sermón y firmado por todos, se elige el predicador, que será el P. Montesinos, sin duda por ser el más elocuente. Después de la exposición obligada del texto, declina luego al fín principal... Para nuestro objeto baste recordar sus interrogantes, no elegidas al azar: "Decid, les pregunta, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes, que estaban en sus tierras mansas y pacíficas?... ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrina y conozcan a su Dios y Criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís?" [20]

Estas preguntas, aunque dirigidas a un caso concreto y circunstancial, trascienden hasta las bases mismas de la convivencia humana, y, en efecto, provocaron tal polvareda que en 1512 Fernando el Católico, quien primero se sintió atacado y resentido, luego de hablar personalmente con el propio Padre Montesinos convocó en Burgos un concilio de teólogos, que asentó por las claras que ningún cristiano, rey o no, tiene derecho a apropiarse tierras ya con legítimo dueño, razón por la cual la conquista, como tal, estaba definitivamente descartada; pero que no solamente era su derecho, sino su estricta obligación de soberano católico, confirmada, además, explícitamente por el Papa, llevarles el Evangelio y la civilización, y sólo en caso de que a tan manifiesta buena voluntad respondieran ellos hostilmente, podría procederse a una guerra de legítima defensa, en la que sí cabría hablar de conquista. El P. Matías de Paz O.P., presente en esa junta, resume así esto:

"1a. Conclusión: No es lícito a los Príncipes cristianos hacer la guerra a los infieles por ansia de dominio y de riquezas, y sí sólo por el deseo de dilatar la fe, para que el nombre del Redentor sea glorificado en toda la tierra. De esto se infiere que no es lícito a los Príncipes cristianos invadir y apoderarse de las tierras de los infieles, que nunca fueron de cristianos, ni oyeron la predicación, y si ahora reciben de buen grado a los predicadores y están dispuestos a convertirse. También se infiere que a esta clase de infieles, en el caso que fuese necesaria la guerra, se les debe amonestar antes, si es posible, para que reciban la fe cristiana."

"2a. Conclusión: Aunque algún rey cristiano, impulsado por el buen celo de la fe, y autorizado por el Papa, pudiese hacer lícitamente la guerra a estos indios, también éstos podrán licitamente defenderse, si antes no se les amonesta, para recibir la fe y convertirse. (Matías de Paz quiere consignar aquí la posibilidad de que la guerra sea justa por la dos partes. Con este hecho, aplicable a los indios, las consecuencias del <> europeo quedaban descartadas, y éste era su principal intento. Por eso añade como corolario:) los vencidos en esta clase de guerras, justas por las dos partes, no quedan convertidos en esclavos <>, a no ser que rehusen después aceptar la obediencia del Príncipe cristiano y abrazar nuestra fe. Mas, si por el contrario, reciben gustosos el Bautismo y se someten, de ningún modo pueden ser tratados y regidos en régimen despótico."

"3a. Conclusión: Sólo en virtud de la autoridad del Papa puede nuestro Rey de Castilla dominar sobre dichos indios, gobernándolos en régimen político de vasallos libres, y conservarlos perpetuamente bajo su imperio. De esto se infiere que están obligados a restituir todos aquellos que han tenido a los indios en servidumbre, lucrándose indebidamente y sin mediar otra causa. Los supone ya convertidos a la fe cristiana. Esto no impide que nuestros Reyes puedan exigirles legítimamente algunos tributos, incluso mayores que a los súbditos españoles, siempre que sean conformes a lo que dicta la razón, la justicia y la caridad cristianas. El gobierno de dichos indios, tan alejados de España, su conversión y el sostenimiento de la paz implican crecidos gastos, y nuestros Reyes pueden resarcirse mediante dichos tributos o servicios de los indios."

(Aun contra esos conceptos se rebelarán otros Dominicos, sobre todo Bartolomé de las Casas [21] y el inmortal Francisco de Vitoria, pugnando porque se revisen y corrijan a fondo, cosa que logran en un plazo asombrosamente corto, apenas en unos 60 años y en menos de 80 después de Colón, pese a ir contra acendradas ideas y, sobre todo, contra descomunales intereses creados. Esto es una gloria de España que nadie puede negar, que la coloca desde entonces muy por encima de toda otra potencia colonialista, pero que acontece después de lo que nos interesa ahora: el descubrimiento y Nacimiento de México.)

En base, pues, a esas opiniones de sus teólogos, Fernando estipula leyes ese mismo año, reglamentando las conquistas. Todos los súbditos españoles, pues, tuvieron siempre la consigna -que, en general, respetaron- de primero "exhortar" y "requerir", y nunca atacar si no eran previa e injustamente atacados. Un notario para dar fe oficial de todo ello, era parte indispensable de toda expedición. Claro que los indios podían entender sabe Dios qué cosas, (En el caso de México, como veremos, todo fue un continuo juego de errores), pero los hispanos, hasta donde sabemos, siempre dieron una versión, para ellos adecuada, de su cosmología y religión como primer preámbulo. Alonso de Ojeda, por ejemplo, al desembarcar en Las Antillas en 1509 y encontrarse con la casi adoración de los indios, lejos de aceptársela, les confesó honestamente: "Dios nuestro Señor, que es único y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de los cuales vosotros, yo y todos los hombres que han de ser y serán, descendemos...". Hay bastante diferencia, al menos en línea de principio, entre eso y el cínico "Manifest Destiny" con que el Gobierno de Washington cohonestó en el siglo pasado su sistemático exterminio de los indios: que era un "Destino Manifiesto" que la raza blanca rigiese en América [22].


Referencias:


[1] AGUILAR Fray Francisco de: Relación Breve de la Conquista de la Nueva España. (Se publicó por primera vez en los Anales del Museo Nacional de México, tomo VII, la. época, entrega 1 de julio de 1900, pp. de 3 a 25) U.N.A.M. Instituto de Investigaciones Históricas, 7a. Edición, México 1977, Segunda Jornada, p. 66.



[2] Aunque Bernal Díaz menciona a "un catalán" desde el capítulo 26, el primer súbdito aragonés que pisó México, que sepamos, fue Miguel Diaz de Aux, que llegó en 1520, buscando nó a Cortés, sino a Alvarez Pinedo, enviado por Garay, gobernador de Jamaica que prentendió tomar posesión de los nuevos territorios (Cfr. DIAZ DEL C. cap. 133, p. 274). Así mismo, el primer valenciano fue un Pedro el de la Arca que también vino en la primera expedición de Garay. (Cfr. DIAZ DEL C. Historia Verdadera, cap. 60, p. 100.)



[3] .- Un buen estudio a este respecto puede verse en PUIGROSS RODOLFO: La España que conquistó el Nuevo Mundo, B. Costa-Amic Editor, "Colección Ciencias Sociales", 5a. Edición, México 1976,



[4] Para un buen estudio sobre estas influencias, puede verse a LAFAYE Jacques: "MESIAS, CRUZADAS, UTOPIAS. EL judeo-cristianismo en las sociedades ibéricas." Fondo de Cultura Económica, 1a. Edición en Español, México 1984, que es una buena recopilación de artículos sobre el tema, en los que se trata especialmente de México.



[5] Desde luego que la Inquisición no es judía, pero sí responde al radicalismo judío, como puede verse en el Deuteronomio (13, 2-17):

"Si entre los tuyos aparece un profeta o vidente de sueños y, anunciando un signo o prodigio, te propone: <>; aunque se cumpla el signo o prodigio, no le hagas caso a ese profeta o vidente de sueños. Pues se trata de una prueba del Señor tu Dios, para ver si aman al Señor, su Dios, con todo el corazon y con toda el alma... Y ese profeta o vidente de sueños será ejecutado [...] Así extirparás de tí la maldad. Si un familiar tuyo de padre o de madre, o tu hijo, o tu hija, o la mujer que duerme en tus brazos, o tu amigo del alma te incitan a escondidas proponiéndote: <> [...] no le harás caso ni le escucharás, no te apiadarás de él ni le tendrás compasión ni lo encubrirás. Antes le darás muerte; tu mano será la primera en la ejecución [...] Así todo Israel al enterarse, escarmentará, y no volverá a cometerse entre los tuyos maldad semejante. Si te enteras que en una la de las ciudades que el Señor te da para habitar han salido canallas que extravían a los vecinos, proponiéndoles: <>, primero investiga, examina, interroga cuidadosamente, y si resulta que realmente se ha cometido esa abominación entre los tuyos, pasarás a cuchillo a los vecinos, dedicarás al exterminio la ciudad con todo lo que hay dentro..."

Y precisamente eso fue lo que hizo la Inquisición: "investigar. examinar, interrogar cuidadosamente"... con las consecuencias ya conocidas.



[6] "Al-Jihad" primariamente significa una lucha interna por ser mejores: "Combate en la senda de Dios y no impongas cargas difíciles a nadie más que a tí mismo." (Corán, Sura IV, versículo 86), pero no hace falta ninguna exégesis extensiva para aplicarlo a la guerra material, pues el mismo Corán se muestra explícita y reiteradamente belicoso, como veremos luego (Cfr. Supra: Cap. VI.) Y que los españoles pensaban practicamente igual no tenemos que suponerlo, pues no solamente así actuaron, como veremos, sino que lo explicitaron textualmente muchas veces. Por ejemplo, fray Jerónimo de Mendieta asegura que Dios, encantado y agradecido porque "los Reyes Católicos [...] desterraron totalmente de los reinos de España los ritos y ceremonias de la ley vieja [..] y luego tras esto alanzaron de todo punto los moros de la ciudad y reino de Granada [...] de manera que alimpiaron a toda España de la espurcicia con que tantos años atrás con estas dos sectas estaba contaminada [...] les puso Dios en sus manos la conquista y conversión de infinidad de gentes idólatras.." (MENDIETA: Historia Eclesiástica Indiana, libro 1, cap. 2, pag. 18.)



[7] UNAMUNO Miguel de: La Agonía del Cristianismo, Ed. Espasa-Calpe, 5a. Ed. de la Colección Austral, Madrid 1975, cap. 7, p. 89.



[8] LOYOLA Ignacio de: Ejercicios Espirituales, 2a. Semana, "El Llamamiento del rey temporal ayuda a contemplar la vida del Rey Eternal". En Obras Completas, Biblioteca de Autores Cristianos, 3a. Edición, Madrid 1977, p. 231, nos. de 91 a 94.



[10] "Haced la guerra a los que no creen en Dios ni en el día último, a los que no consideran prohibido lo que Dios y su apostol han prohibido y a aquellos hombres de las Escrituras [judíos y cristianos] que no profesan la creencia de la verdad. Hacedles la guerra hasta que paguen el tributo, a todos sin excepción, aunque estén humillados." (Corán, Sura 9, 29)



[11] "Si no marcháis al combate, Dios os castigará con un castigo doloroso: os remplazará por otro pueblo y no podréis dañarle (A Dios) de ningún modo. Dios es omnipotente." (Ibidem, Sura 9, 39).



[12] "¡Oh profeta! excita a los creyentes al combate. Veinte hombres firmes de estos aplastarán a doscientos infieles. Cien harán huir a mil, porque los infieles no comprenden nada." (Ibidem, Sura 8, 66)



[13] "Si morís o si sois matados luchando en la senda de Dios, os alcanza la indulgencia y la misericordia de Dios. Esta vale más que las riquezas que amontonáis." (Ibidem, Sura 2, 151.)

"Que los que sacrifican la vida de aquí abajo por la vida futura, combatan en la senda de Dios: que sucumban o que sean vencedores, les daremos una generosa recompensa." (Sura 4, 76)

"Quien va a la guerra sólo puede ganar, pues no puede sino suceder "que de dos hermosos destinos les ocurra uno: la victoria o el martirio.." (Sura 9, 52)

"Los que hayan sucumbido en el camino de Dios, Dios no hará perecer sus obras. Los dirigirá y hará sus corazones rectos. Los introducirá en el paraíso que les ha hecho conocer ya. ¡Oh creyentes! si asistís a Dios en su guerra contra los malvados, El también os asistirá y dará firmeza a vuestros pasos. En cuanto a los incrédulos, ojalá perezcan y ojalá haga Dios nulas sus obras." (Sura 47, 5-9).



[14] LOPEZ DE GOMARA Francisco: Historia General de las Indias, Biblioteca Ayacucho, Caracas 1979, Dedicatoria, pp. 7-8. (Subrayado mío).



[15] GOMARA: Historia.., cap. 120, p. 189.



[16] "[Novi orbis barbari] prudentia, ingenio, virtute omni ac humanitate tan longe superantur ab Hispanis quam pueri a perfecta aetate, mulieres a viris, saevi et immanes a mitissimis, prodigi et intemperantes a continentibus et temperatis, denique quam simiae prope dixerim ab hominibus."

Esto lo dice JUAN GINES DE SEPULVEDA, un jurista de la época que escribió, en latín y en forma de diálogo, un Tratado sobre las Justas Causas de la Guerra contra los Indios, que tuvo instantáneo e inmenso éxito entre los españoles de la Nueva España: Democrates Alter, sive de Justi Belli Causis apud Indos, Fondo de Cultura Económica, Edición Bilingüe, 1a. Reimpresión, México 1979, p. 100.



[17] Una idea pueden dárnosla las opiniones de dos frailes que tuvieron que conocer lo que era entonces navegar. El dominicio Fray Tomás de la Torre advertía: "Y porque los que no saben de la mar entiendan algo de lo que en ella se padece, diré algunas cosas: primeramente el navío es una cárcel muy estrecha y muy fuerte de donde nadie puede huir, aunque no lleve grillos ni cadenas, y tan cruel que no hace diferencia entre los presos, igualmente los trata y estrecha a todos: es grande la estrechura y el ahogamiento y calor, la cama es el suelo comúnmente. Hay más en el navío, mucho vómito y mala disposición que van como fuera de sí y muy desabridos, unos más tiempo que otros y algunos siempre; hay muy pocas ganas de comer y arróstranse mal las cosas dulces, la sed que se padece es increíble, acrecienta la sed ser la comida biscochos y cosas saladas, hay infinitos piojos que comen a los hombres vivos y la ropa no se puede lavar, hay mal olor, especialmente debajo de cubierta, intolerable en todo el navío, no tener donde estudiar ni recogerse un poco, y estar siempre sentados que no hay donde se pasear, todo se ha de tener sentados o echados, o algún poco en pié; sobre todo, es traer siempre la muerte a los ojos y no distar de ella más que el grueso de una tabla pegada a otra con pez..." (TORRE DE LA Tomás: "Diario de Viaje", en MARTINEZ José Luis: "Pasajeros de Indias, Viajes trasatlánticos en el siglo XVI", Fondo de Cultura Económica, 3a. edición, México 1999, Apéndice 2, cap. II, pp. 264-265).

El franciscano Fray Antonio de Guevara aconsejaba: "Es saludable consejo que todo hombre que quiere entrar en la mar, ora sea en nao ora sea en galera, se confiese y comulgue y se encomiende a Dios como bueno y fiel cristiano, porque tan en ventura lleva el mareante la vida como el que entra en una aplazada batalla, haga su testamento, declare sus deudas, cumpla con sus acreedores, reparta su hacienda, se reconcilie con sus enemigos, gane sus estaciones, haga sus promesas y se absuelva con sus bulas, porque después en la mar podría verse en alguna tan espantable tormenta que por todos los tesoros desta vida no se querría hallar con algún escrúpulo de conciencia". (GUEVARA DE Antonio: "Libro de los inventores del arte de marear y de muchos trabajos que se pasan en las galeras", Ibidem, Apéndice I, cap. X, p. 247).



[18] Nadie menos que Miguel de Cervantes Saavedra pinta al típico emigrado con rasgos nada favorables: "Viéndose, pues, tan falto de dineros, y aun no con muchos amigos, se acogió al remedio a que otros muchos perdidos en aquella ciudad se acogen, que es el pasage a las Indias, refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores a quien llaman cieros [fulleros] los peritos en el arte, añagaza general de mujeres libres, engaño común de muchos y remedio particular de pocos". ( "El celoso extremeño", Novelas Ejemplares, 1613, Editorial Juventud, Barcelona, 5a. Edición, Barcelona 1981, p. 259.)



[19] Esto lo prueba rigurosamente, partiendo de análisis estadístico de los datos, el Dr. Francisco Herrera Luque, en su libro Los Viajeros de Indias. (Monte Avila Editores C.A., 2a. Edición, Caracas 1970). El trata primordialmente de Venezuela y de su "sobrecarga psicopática"; pero casi todo lo que analiza vale igualmente para el resto de la América española.



[20] CARRO O.P. Venancio: La Teología y los Teólogos-Juristas Españoles ante la Conquista de América, Biblioteca de Teólogos Españoles vol. 18, 2a. Edición, Salamanca 1951. Cap. 4, pp. 265-6.



[21] "Es aqui de notar que el título con que entravan e por el qual comenzaban a destruyr todos aquellos ynnocentes y despoblar aquellas tierras, era dezir que viniessen a subjectarse e a obedecer al rey de españa: donde no, que los avían de matar y hacer esclavos. Y los que no venían tan presto a cumplir tan irracionales y estultos mensajes, e a ponerse en las manos de tan iniquos e crueles e bestiales hombres: llamávanlos rebeldes y alzados contra el servicio de su Magestad. Y assi lo escrevían aca al rey nuestro señor, e la ceguedad de los que regían las yndias no alcanzaba ni entendía aquello que en sus leyes está expresso e mas claro que otro de sus primeros principios (conviene a saber) que ninguno es ni puede ser llamado rebelde si primero no es súbdito." (LAS CASAS: Brevísima Relación.., p. 63.)



[22] Cfr. BROWN Dee: Bury my Heart at Wounded Knee, Ed. Boston Books, 26a. Edición, New York 1978, pp. 8, 31 y 184.











SEA PARA GLORIA DE DIOS