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INTRODUCCIÓN
Sacerdote, canónigo, periodista, pero sobre todo sólido historiador, Jesús García Gutiérrez nació en Huixquilucan, México, en 1875, y murió en la ciudad de Mexico en 1958. Fue miembro de la Academia Mexicana de Historia, y maestro de Historia de la Iglesia e Historia de México en el Seminario Conciliar de la capital.
En noviembre de 1934 el Lic. Emilio Portes Gil, Procurador General de la República Mexicana y ex-presidente de México, publicó un "estudio histórico y jurídico", donde se proponía exponer "la intervención delictuosa que tiene y ha tenido el clero católico en la República Mexicana". En dicho "estudio" acumula primeramente un gran cantidad de cargos falsos (y a veces ridículos) contra la Iglesia Católica, dando muestras, a lo largo de su "estudio", de una desastrosa ignorancia histórica.
En respuesta a semejante libelo, el p. García Gutiérrez redactó y publicó en 1935 su libro La Lucha entre el poder civil y el clero a la luz de la Historia, o sea, Comentario al estudio histórico y jurídico del señor licenciado Emilio Portes Gil, procurador general de la República, donde refuta una por una las estulticias de Portes Gil.
Y en un sambenito tan anticatólico como el que hace Portes Gil, no podía faltar el tema del Tribunal de la Inquisición; que es uno de los temas favoritos y más explotados por los interesados en desprestigiar a la Iglesia Católica. Así que publico las magníficas anotaciones del p. García Gutiérrez, sobre este tema.
Jesús Hernández
NOTA:Me tomé la libertad de hacer algunos RESALTES en el texto.
(TEXTO DEL LIC. EMILIO PORTES GIL págs. 26 y 24)
"Uno de los tribunales eclesiásticos más oprobiosos que se establecieron en México... fue el tribunal de la Inquisición...
Su establecimiento en el Siglo XVI puso de manifiesto la degeneración y corrupción del clero mexicano y presentó a los frailes inquisidores como los más
hipócritas y odiosos verdugos y asesinos que registra la historia de la Iglesia en México. Vano ha sido el intento de la mayoría de los escritores católicos
en tratar de justificar inútilmente la actuación de un tribunal tan monstruoso...
Todo progreso científico era imposible en la Nueva España, porque los libros que llegaban del extranjero eran objeto de la más estricta inquisición,
prohibiéndose su lectura y circulación..."
(COMENTARIO DEL P. JESÚS GARCÍA GUTIÉRREZ)
1.- Cosa ciertamente fácil es la de amontonar cargos y más cargos, bajo la palabra de honor de quien los lanza. ¿Y las pruebas? ¿A un alegato así se le llama estudio histórico?
Ingrata por demás es la tarea de responder a cargos que nada tienen de concretos, ni se apoyan en testimonio de ninguna clase, pero aunque haya que luchar con fantasmas, vamos por partes.
"El Tribunal de la Inquisición fue uno de los tribunales eclesiásticos más oprobiosos que se establecieron en México". Luego, fueron varios los tribunales eclesiásticos, y todos ellos fueron más o menos oprobiososos. ¿Tuviera el Sr. Lic. Portes Gil la amabilidad de citarnos los demás?
"Vano ha sido el intento de la mayoría de los escritores católicos en tratar de justificar inútilmente la actuación de éste tribunal". Luego hay una minoría de escritores católicos que han logrado justificarlo. Menos malo.
Pero ¿tuviera el Sr. Lic. Portes Gil la amabilidad de citarnos los nombres de esos escritores católicos que no han logrado justificarlo? Así podríamos saber si ha leído las Cartas del Filósofo Rancio; los Heterodoxos Españoles de Marcelino Menéndez y Pelayo, La Inquisición Española del P. Cappa, la Inquisición sobre la Inquisición de Alfonso Junco, por no citarle más autores que los que andan en manos de todos y aquellos de cuya lectura no puede dispensarse quien quiera escribir un estudio histórico sobre esta materia; que pedirle la lectura del Directorio de Inquisidores de Eymerich, o siquiera el Manual de Inquisidores para uso de las Inquisiciones de España y Portugal traducido por D.J. Marchena, creo que sería pedir demasiado a quien no conoce de la bula Inter caetera más texto que el del Cedulario de Puga, y la cita con las palabras Noverint universi.
2.- Y ya que de autores hablamos, desafío formalmente al Sr. Lic. Portes Gil, y no como quien hace cargos vagos e imprecisos, ni como quien da palos de ciego, sino como quien habla de lo que sabe y entiende, y lo puede demostrar con citas, a que me cite un solo autor que antes de Llorente y de Puigblanch haya hecho un solo cargo, ni vago ni concreto, a la Inquisición Española.
Tan es así que el mismo Llorente se asombra de ello, y en la Memoria histórica sobre cuál ha sido la opinión general de España acerca del tribunal de la Inquisición exclama: "Parece imposible que tantos hombres sabios como ha tenido España en tres siglos hayan sido de una misma opinión", y ésa favorable en todo sentido al tribunal. Espero que el Sr. Lic. Portes Gil sabrá valorar este testimonio del peor enemigo que ha tenido la Inquisición y que demuestra, sin dejar lugar a duda, que él fue el primero en ir contra esa opinión unánime.
Pues he aquí el juicio que de la Historia crítica de la Inquisición de España de Llorente hace Menéndez y Pelayo, y que he comprobado que es exacto en todas sus partes: "Está tan mal hecho el libro de Llorente, que ni siquiera puede aspirar al título de libelo o de novela, porque era tan seca y estéril la fantasía del autor, y de tal manera la miseria de su carácter moral ataba el vuelo a su fantasía, que aquella obra inicua, en fuerza de ser indigesta, resultó menos perniciosa, porque pocos, si no los eruditos, tuvieron valor para leerla hasta el fin" (Heterodoxos, Madrid, 1881 III; 423).
A La Inquisición sin máscara de Puigblanch llama con razón el mismo Menéndez y Pelayo "obra muy superior a la de Llorente, si no por la abundancia de noticias históricas, dado que Puigblanch no logró explotar los archivos del Santo Oficio, a lo menos por la erudición canónica, el método y el estilo. Aféanla ciertos rasgos del sentimentalismo declamatorio, ni debe tenerse por verdadera historia (se escribió en tres meses), sino por alegato y acusación fiscal apasionada" (Ibid. p. 488).
Cito el testimonio de Menéndez y Pelayo, porque es más conocido que el Filósofo Rancio; pero éste, que fue contemporáneo de Puigblanch y que escribía sus cartas en los días en que salía de estampa La Inquisición sin máscara debajo del seudónimo de Natanael Jomtob, en la carta VIII, del 18 de noviembre de 1811, se burla del libro con toda la gracia andaluza que tiene.
Y nada más para que no crea alguno que hablo de memoria, quiero decir que tengo entre mis libros un ejemplar de La Inquisición sin máscara, publicado en México en 1824, en el que ya no aparece el seudónimo de Natanael Jomtob, sino el nombre de Puigblanch y su título de diputado por Zaragoza a las cortes de 1820 y 1821.
3.-¿Que los inquisidores fueron los más hipócritas y odiosos verdugos y asesinos que registra la Historia de la Iglesia en México?
Pues no ha sido ése el juicio que de los inquisidores se han formado autores que, dicho sea con el debido respeto, saben más de esa materia que el Lic. Portes Gil.
El P. Mariana, citado por Junco, dice: "Lo que hace más al caso es que para este oficio se buscan personas maduras en la edad, muy enteras y muy santas, escogidas de toda la provincia, como aquellas en cuyas manos se ponen las haciendas, fama y vida de todos los naturales" (Inquisición sobre la Inquisición, p. 47).
Y el cardenal Hergenrother dice a su vez: "Por regla general, los inquisidores fueron hombres incorruptubles y de intachable conducta, según lo han confesado unánimemente sus enemigos" (Hist. de la Igl. IV; 636).
¿Que estos testimonios se refieren a la Inquisición de España? Convenido, pero téngase en cuenta que la Inquisición en México era una dependencia de la de España y se regía y gobernaba por sus mismas leyes, de manera que mientras no conste lo contrario, debemos decir de la de México lo mismo que se dice de la de España.
4.- ¿Que el establecimiento de la Inquisición en México puso de manifiesto la degeneración y corrupción del clero mexicano? ¿Cómo y por qué?
He aquí otro cargo tan grave como vago, que no se apoya en otra cosa que en la palabra del Sr. Lic. Portes Gil y que, por lo mismo, con toda justicia podría yo dejar sin respuesta, porque, una vez más, lo que se afirma gratuitamente, se niega gratuitamente.
Pero al buen pagador no duelen prendas. He pasado largas horas en el Archivo General de la Nación leyendo procesos de la Inquisición y he encontrado, como encontrará cualquiera que estudie dicho archivo, centenares, tal vez millares de causas contra sacerdotes y religiosos, pero si en ese hecho se funda el Sr. Lic. Portes Gil para decir que el establecimiento de la Inquisición en el siglo XVI puso de manifiesto la degeneración y corrupción del clero mexicano, le diré:
Primero: Los datos de la Inquisición se refieren a tres siglos, y no solamente al siglo XVI.
Segundo: Para poder sacar una consecuencia legítima de esos datos, sería necesario hacer una estadística, que no se ha hecho, del número de miembros del clero secular y regular que hubo en esa época y del número de procesos para ver si la proporción entre uno y otro número era grande, pequeña o mínima.
Tercero: Separar los vedaderos procesos de las simples denuncias y de las acusaciones calumniosas. Un señor procurador general de la República debe tener bien sabido que nadie está a salvo de una denuncia falsa o de una falsa acusación, que, hechas las averiguaciones, no resulta probada y se resuelve en un "Ud. dispense", y que por más que en los archivos judiciales queden las constancias de la denuncia y de las averiguaciones, eso en nada afecta a la honra y al buen nombre de la víctima. Pues bien, le aseguro, y lo puedo demostrar, que hay en el archivo de la Inquisición montones de papeles de ese género contra miembros del clero y que, por lo mismo, es necesario descartarlos.
Cuarto: Preciso es también hacer una estadística, que tampoco se ha hecho, de la clase de crímenes de que eran acusados los clérigos, porque también puedo asegurar haber encontrado centenares de acusaciones hechas contra sacerdotes que decían la misa con mucha prisa, o que no pronunciaban las palabras con claridad, o que repetían las palabras de la consagración, o qe en un sermón habían pronunciado palabras que a algunos parecieron sospechosas de herejía, etc., etc., y no creo que haya alguien a quien se le ocurra decir en serio que esas acusaciones, aun en el caso de que haya seguido el proceso y se haya dictado la sentencia, sirvan para dar a conocer la degeneración y la corrupción de ningún clero de ninguna nación.
6.- "Todo progreso científico era imposible en la Nueva España, porque los libros que llegaban del extranjero eran objeto de la más estricta inquisición, prohibiéndose su lectura y circulación"
Preciso es comenzar por poner las cosas en claro. Ni en la Nueva España ni en ninguna parte del mundo se estima el progreso científico nada más por la cantidad de libros que se llevan del extranjero, sino por la calidad de los libros. Si lo que asienta el Sr. Lic. Portes Gil fuera verdad, tendríamos que decir que en esta época, en que estamos inundados materialmente de novelas, libros, periódicos y revistas que de puro malos no tiene el diablo por dónde desecharlos, hemos alcanzado un progreso científico que nos envidiarán las naciones más adelantadas del mundo.
Esa estrictísima inquisición no se limitaba a los libros que llegaban del extranjero, sino que se extendía a los que venían de España, como lo podrá comprobar el Lic. Portes Gil a poco que lea Libros y libreros del Siglo XVI, publicación bien documentada del Archivo General de la Nación; pero verá también que esa estricta inquisición no tenía por fin impedir la entrada a los libros por el solo hecho de ser libros, que para ello salía sobrando la inquisición, sino impedir la entrada a los de doctrinas malsanas, que ésos, bien lejos de contribuir al progreso, contribuyen al retroceso científico y moral de todo orden de cosas.
Porque si la lectura es alimento del espíritu, preciso es hacer con la lectura lo que hace el Consejo Superior de Salubridad, no solamente con los artículos alimenticios que vienen del extranjero, sino con los nacionales, es a saber, una estricta inquisición para averiguar si son malsanos, y a nadie se le ha ocurrido jamás que eso impida ningún género de progreso ni en México, ni en ninguna parte del mundo.
Y para acabar con este punto de la Inquisición, que ya se va haciendo largo, recomiendo al Sr. Lic. Portes Gil que lea el tomo II de La ciencia española de Menéndez y Pelayo, que en ella encontrará un capítulo titulado "La ciencia española bajo la Inquisición, por el señor del Perojo", y otro titulado "Carta al Sr. D. Alejandro Pidal y Mon", que estoy seguro que en ellos hallará cumplidísima respuesta a sus reparos.
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