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Pentecostés
Un evento clave


Por Jesús Hernández


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En este espacio quiero compartir con los lectores algunas reflexiones sobre Pentecostés, es decir, sobre la Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, misma que conmemoramos los cristianos al final del periodo pascual.
Con motivo de esta conmemoración, tuve la dicha de participar en la Vigilia de Pentecostés, en la que participan numerosos católicos en distintas partes del mundo. En mi caso, participé con las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad (MESST), y pasamos en vela toda la noche del 3 al 4 de Junio del presente año.

Y en la Misa, en las dinámicas, en las reflexiones, en las pláticas, los asistentes tuvimos ocasión de hacer algunas anotaciones sobre Pentecostés, su significado y sus consecuencias, mismas que me gustaría exponer en este espacio.


  • El Texto Bíblico (Hechos de los Apóstoles capítulo 2)


  • La Biblia nos cuenta cómo vino el Espíritu Santo:

    Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.
    De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban.

    Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
    Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo.
    Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua.

    Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, algunos somos venidos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»

    Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto?»
    Otros en cambio decían riéndose: «¡Están llenos de mosto!»
    Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: «Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras:
    No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día, sino que es lo que dijo el profeta:

    Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños.
    Y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu.
    Haré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra.



  • Se Cumple la Promesa


  • Era Pentecostés: Πεντηκοστης, día celebrado por los judíos al final de la Pascua. PENTECOSTÉS hace referencia al Quincuagésimo Día después de Pascua, y aparece ordenado por Dios en Éxodo 34,22 y Deuteronomio 16,10, donde se le llama "la Fiesta de las Semanas".

    Y ese día, al enviar al Espíritu Santo, Jesucristo demuestra una vez más que cumple sus Promesas. Ya Dios había cumplido la más importante de sus promesas, la de Enviar al Redentor, cuyo cumplimiento significó la Plenitud de los Tiempos.
    Y Cristo, a lo largo de su recorrido terrenal con sus discípulos, una y otra vez les prometió el envío del Espíritu Santo, como nos cuentan los Evangelios:

    «Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre.» (Juan 14:16)
    «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.» (Juan 15:26)
    «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré.» (Juan 16:7)
    «Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.» (Lucas 24:49)
    «Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días». (Hechos 1:5)
    «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.» (Hechos 1:7-8)

    La promesa de enviar al Espíritu Santo era tan importante, que fue lo último que dijo Cristo a sus discípulos antes de elevarse al cielo, y esa promesa se CUMPLIÓ. En Pentecostés encontramos por lo tanto, una prueba más de que Dios cumple sus promesas, y que podemos esperar, con confianza, que cumplirá lo que nos ha prometido: Su Palabra es Veraz.



  • Gentes de Todas las Naciones


  • En el texto de Hechos encontramos cómo se hallaban reunidos en Jerusalén judíos de todas las naciones; el texto habla de gentes "de todas las naciones bajo el cielo", que en el contexto neotestamentario, quiere decir a todos los que vivía en el Imperio Romano de aquel entonces y aun fuera de los límites del Imperio. La lista incluye Partia, Media, Elam, Mesopotamia, Capadocia, Judea, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, Libia, Roma, Creta y Arabia.

    En el mapa podemos ubicar estas regiones mencionadas. En el libro no se mencionan provincias tan lejanas como Hispania o las Galias, pero en cambio, se habla de partos, quienes no formaban parte del Imperio Romano en épocas de Cristo, y que sólo pertenecieron a él durante la máxima expansión del Imperio; época de Trajano (117 d.C.), y de Elam, al norte del golfo Pérsico y que inclusive no aparece en el mapa, pero ya era un territorio conocido y habitado.


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    Lo que podemos entender de esto, es lo que Cristo había dicho a sus discípulos: que fueran por TODO EL MUNDO a predicar el Evangelio, y es que en Pentecostés son gentes de TODO EL MUNDO los que oyen la primera prédica apostólica, y aunque había entre ellos distintos idiomas, el Espíritu Santo se les hace accesible y TODOS pueden entender a sus portavoces; los apóstoles.
    El Espíritu Santo, por lo tanto, viene a revelarse a todos los hombres, de todos los credos, todas las razas, todas las lenguas y todas las naciones. No discrimina a NADIE, ni excluye a NADIE: los cristianos, en consecuencia, tampoco debemos hacerlo.
    Ahora, que conocemos de verdad TODO el mundo, hemos visto a lo largo de la Historia cómo la Iglesia ha evangelizado a África, Asia y América, y aun así en muchos lugares la Palabra de Dios aun no echa raíces fuertes, o donde ya las echó, hace falta alimentarlas: esa es la tarea de los cristianos, como fue la de los Apóstoles: Ir por toda la tierra proclamando a Jesús Resucitado.



  • Lenguas de Fuego


  • Al momento en que el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles, se vieron en sus cabezas "lenguas de fuego", ¿Por qué Lenguas?
    El texto bíblico habla que de inmediato, "se pusieron a hablar en otras lenguas", y saliendo al exterior, empezaron a hablar a la multitud, empezaron a usar sus lenguas, y a expresarse en diferentes idiomas, de tal suerte que todos los que estaban reunidos en Jerusalén les entendían.
    Ese es el efecto que necesitamos que haga en nosotros el Espíritu Santo, eso es lo que necesitamos hacer: usar nuestra lengua, al igual que los Apóstoles, y usarla para predicar a Cristo y su Evangelio, para ser luz a donde quiera que vayamos, no por nosotros, sino por el Espíritu Santo que vive en nosotros.

    Esas lenguas de fuego que se posaron sobre la cabeza de los apóstoles, debemos pedir que también nos alumbren y nos calienten a todos los cristianos, ¡Ven, Espíritu santo!



  • Quedaron todos llenos...


  • El texto de Hechos lo refiere así:

    "...quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse".

    Entonces, no sólo fueron lenguas de fuego sobre sus cabezas, no sólo fue una "chispita" o una mera presencia del Espíritu frente a ellos, sino que fue el Espíritu dentro de ellos, llenando sus corazones y sus entendimientos.
    Y nuevamente, para ser verdaderos apóstoles, para ser verdaderos predicadores del Evangelio, debemos pedirle al Espíritu Santo que NOS LLENE de Él, que seamos instrumentos suyos para Evangelizar al Mundo.

    Pidámosle, pues, a Dios, que nos envíe su Espíritu, como se lo envió a los Apóstoles, y que nos haga a nosotros Apóstoles también.



  • Nace la Iglesia


  • Una de las más importantes consecuencias de Pentecostés es el Nacimiento de la Iglesia, que no es lo mismo que su Institución, pues Cristo ya la había formado e instituido desde la elección de los Doce y la elección de Pedro al frente de ellos (Mateo 16:18).
    Sin embargo, los Doce (ya con Matías en vez de Judas Iscariote), seguían sin afrontar el gran reto de comenzar la predicación del Evangelio. Seguían ocultándose, y se reunían entre ellos, en casas -y con ellos participaba también la Sma. Virgen-, pero aun no empezaban la gran tarea que el Maestro les había encomendado:

    "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación." (Marcos 16:15)

    Es después de Pentecostés que salen a las calles de Jerusalén, y abiertamente, con valor y con inspiración, hablan a los judíos y predican la Buena Nueva. Ahora pasan de ser Discípulos, a ser Apóstoles; lo que aprendieron, ahora lo enseñan, lo que Cristo les dijo y les enseñó, ahora ellos lo transmiten a las demás personas.

    Que el Espíritu Santo nos permita hacer lo mismo, que nos haga pasar de Discípulos a Apóstoles, y que no estemos escondidos o reunidos sólos en un grupito, sino que salgamos al exterior, al mundo, a predicar la Buena Nueva, a TODA la Creación, como encargó a los cristianos el Divino Maestro.



  • El Espíritu de Dios en la Biblia


  • Aun con toda su importancia, Pentecostés no fue la primera ocasión en que el Espíritu Santo descendía sobre las personas, ni siquiera en el Nuevo Testamento, pues había descendido, muy especialmente, sobre la Virgen María (para el acontecimiento más importante de la Historia: la Encarnación del Hijo de Dios):

    "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios." (Lucas 1,35)


    Este anuncio se cumple efectivamente:

    "La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo." (Mateo 1,18)


    Vino también sobre Isabel y Zacarías, padres de Juan el Bautista:

    "Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno" (Lucas 1,41-42)

    "Zacarías, su padre, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo." (Lucas 1,67-68)


    El Espíritu Santo ya actuaba y ya revelaba la Verdad a algunos. De hecho, aunque el mensaje completo de Cristo no se predicaba aun, ya podía predicarse que Él era el Mesías, Verdad revelada por el Espíritu Santo al anciano Simeón en el templo de Jerusalén:

    "Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.» (Lucas 2,25-32)


    Son muy importantes los relatos en que los evangelistas hablan del Bautismo de Jesús, donde se hizo visible el Espíritu Santo, en forma de paloma, y que aparecía para dar fe de su existencia y de su poder, y de que el Espíritu de Dios estaba en y con Cristo, quien bautizaría con Espíritu Santo a sus seguidores:

    "Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado.» (Lucas 3,21-22)

    "Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» (Mateo 3,16-17)

    "En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.» A continuación, el Espíritu le empuja al desierto" (Marcos 1,10-12)

    "Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo." (Juan 1,32-33)


    Más aun, sobre los Apóstoles ya había descendido también, aunque con otro efecto, el de darles poder de perdonar los pecados, dice la Escritura:

    "Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» (Juan 20,22-23)


    Y es que el Παρακλητος (parakletos=Paráclito), es el Espíritu consolador, defensor, auxiliador, que también en el Antiguo Pacto se hizo presente, para el desarrollo del Pueblo de Israel. Así, el Espíritu del Señor vino sobre los distintos Jueces que suscitó a su pueblo:

    "Los israelitas clamaron a Yahveh y Yahveh suscitó a los israelitas un libertador que los salvó: Otoniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb. El espíritu de Yahveh vino sobre él, fue juez de Israel y salió a la guerra. Yahveh puso en sus manos a Kusán Riseatáyim, rey de Edom y triunfó sobre Kusán Riseatáyim." (Jueces 3,9-10)

    "El espíritu de Yahveh revistió a Gedeón; él tocó el cuerno y Abiezer se reunió a él. Envió mensajeros por todo Manasés, que se reunió también con él; y envió mensajeros por Aser, Zabulón y Neftalí, que le salieron al encuentro." (Jueces 6,34-35)

    "Pero el rey de los ammonitas no hizo caso de las palabras que Jefté le mandó decir. El espíritu de Yahveh vino sobre Jefté, que recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mispá de Galaad y de Mispá de Galaad pasó donde los ammonitas." (Jueces 11,28-29)

    "El espíritu de Yahveh le invadió, y sin tener nada en la mano, Sansón despedazó al león como se despedaza un cabrito; pero no contó ni a su padre ni a su madre lo que había hecho." (Jueces 14,6)

    "El séptimo día, antes que entrara en la alcoba, la gente de la ciudad dijo a Sansón: «¿Qué hay más dulce que la miel, y qué más fuerte que el león?» El les repondió: «Si no hubierais arado con mi novilla, no habríais acertado mi adivinanza.» Luego el espíritu de Yahveh le invadió, bajó a Ascalón y mató allí a treinta hombres, tomó sus despojos y entregó las mudas a los acertantes de la adivinanza; luego, encendido en cólera, subió a la casa de su padre." (Jueces 14,18-19)

    "Invadió a Saúl el espíritu de Dios en oyendo estas palabras, y se irritó sobremanera. Y tomando una yunta de bueyes los despedazó y los repartió por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, diciendo: «Así se hará con los bueyes del que no salga detrás de Saúl.» Y el temor de Yahveh cayó sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre." (1Samuel 11,6-7)

    "Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus hermanos. Y a partir de entonces, vino sobre David el espíritu de Yahveh. Samuel se levantó y se fue a Ramá. El espíritu de Yahveh se había apartado de Saúl y un espíritu malo que venía de Yahveh le perturbaba." (1Samuel 16,13-14)

    Y en fin, muchos ejemplos más, de la presencia del Espíritu Santo entre los hombres. Si estuvo entre ellos, entre los jueces y reyes del Antiguo Pacto, y si estuvo entre los Apóstoles, María, los padres de Juan Bautista, etc., podemos estar seguros de que también entre nosotros está, los que seguimos al Señor y proclamamos Su Palabra.



  • Entonces les imponían las manos...


  • Pero, ¿Cómo es que viene el Espíritu Santo a nosotros? ¿Viene simplemente porque deseemos que venga? ¿Viene por ser comprado?. No, y la Biblia lo especifica muy bien:

    "Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu, les ofreció dinero diciendo: «Dadme a mí también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo impoga las manos.» Pedro le contestó: «Vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero." (Hechos 8,14-20)

    Esto es lo que la Iglesia llama el Sacramento de la Confirmación, y esto es que, por la imposición de manos y la oración, de los Apóstoles y por consiguiente de sus sucesores, desciende el Espíritu Santo sobre los bautizados:

    "Y, habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar." (Hechos 19,6)

    Tuve la incomparable dicha de recibir este Sacramento hace unos años, después de una preparación ciertamente más intelectual que espiritual, pero que me ha ido surtiendo efecto después de varios sucesos en mi vida, que la han cambiado de unos años para acá.
    Ahora, después de recibir al Espíritu Santo, me siento plenamente cristiano, comprometido con Dios y con Su Iglesia, y decidido a servirle a donde quiera que vaya.
    ¡Gracias a Dios, por enviarnos el Espíritu Santo! Gracias por derramarlo sobre nosotros, como había prometido desde tiempos de los profetas:

    "«Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones." (Joel 3,1)

    "No les ocultaré más mi rostro, porque derramaré mi Espíritu sobre la casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh." (Ezequiel 39,29)



    Ven, Dios Espíritu Santo
    y envíanos desde el cielo
    Tu luz, para iluminarnos.

    Ven ya, padre de los pobres
    Luz que penetra en las almas
    Dador de todos los dones.

    Fuente de todo consuelo,
    Amable huésped del alma,
    Paz en las horas de duelo.

    Eres pausa en el trabajo,
    brisa en un clima de fuego,
    consuelo en medio del llanto.

    Ven, luz santificadora,
    Y entra hasta el fondo del alma
    de todos los que te adoran.

    Sin tu inspiración divina
    los hombres nada podemos
    y el pecado nos domina.

    Lava nuestras inmundicias,
    fecunda nuestros desiertos
    y cura nuestras heridas.

    Doblega nuestra soberbia,
    calienta nuestra frialdad,
    endereza nuestras sendas.

    Concede a aquellos que ponen
    en Ti su fe y su confianza,
    tus siete sagrados dones.

    Danos virtudes y méritos,
    danos una buena muerte
    y contigo el gozo eterno.





    Sea Para Gloria de Dios