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El mundo se admire;
el cielo, las aves,
los ángeles y hombres
suspendan los ecos,
repriman los voces:
que en la Nueva España
de otro Juan se oye
nuevo Apocalipsis,
aunque son distintas
las revelaciones...
De América en el desierto
y en lo escabroso de un monte,
Patmos de la Nueva España,
otro nuevo Juan se esconde.
Recién plantada la Iglesia,
a sus primeros albores,
vio una visión toda luces
contra gentílicas noches.
Grande señal en el cielo
de Guadalupe, descoge
una Concepción con rosas
que al pie los Ídolos pone;
que si el Otro vio al Dragón,
éste de profanos dioses
la Madre, por quien respuestas
daban engaños fitones.
La que Juan vio, fue con alas;
Esta, las mismas compone
para sombra a mexicanos
por su escudo y sus blasones...
La visión dice que al punto
con la luna adorna porque
con las luces de María
no tenga veneraciones;
porque si el gentil, en viendo
luna nueva, hace oblaciones,
viéndola al pie de María
las víctimas se le borren.
Si la señal al desierto
voló, presumo que entonces
fue para formar de humildes
los más grandes de su corte...
-Hola, a quien digo, hola!
Mirad, zagales, que en aquel cerrillo
florecen las piedras,
se ilustran los riscos,
y de la América forman Tabores
con un Juan y Diego, sin Pedro y sin Cristo...
Una vez se transfigura
el Verbo Humano, y yo miro
que en María fueron dos:
una en rosas y otra en brillos...
¡Vengan a ver una Zarza
que arde, que brilla, que no se consume,
y toda de flores y rayos corona
los llanos, los montes, los valles, las cumbres!
¡Corran, corran, corran
y el paso apresuren,
que exhala fragancias,
que arde, que quema, que halaga, que luce!
¿Qué es aquello, cielos, donde
más en un cerro descubre,
para ser luz, muchas rosas;
para vergel, muchas luces?
Allí el Horeb mexicano
de resplandores difunde
sin consumirse una Zarza
aunque hay llama que la inculque.
Allí, al mirar el prodigio
de la Flor de Guadalupe,
no hay diciembre que no acabe
ni abril que flor no tribute.
Aquel que a Moisés imita,
cándidamente descubre
no sólo en la Zarza el ángel,
mas la que en flores se esculpe.
Descalzo inquiere el milagro,
que aun no el templo se construye,
y en tempestades de rosas
golfos navega de luces.
Para una copia, ¡qué asombro!
hace que aun tiempo se aúnen
en tosco urdimbre sin sombras
flores, llamas, astros, nubes.
Tierra Santa es donde estás,
Juan Diego. A ese cerro sube,
que no sólo te habla un ángel;
la Reina es de las virtudes.
Para tan alta Pintura
el cielo da sus azules,
la azucena pone el blanco,
la rosa su nácar pule.
En vez de pinceles raros,
para que el sol se dibuje
la imprimen -Copia Celeste-
en ayate los querubes.
¡Oh, feliz, tosca materia
que trono te constituyes,
qué dicha halló quien te viste,
quién habrá que no te emule!
María le dio a Ildefonso
traje de Aarón, y aquí cumple
el desempeño Juan Diego
que el ornato restituye.
¡Felix Horeb, feliz Moria,
Sinaí feliz, que destruye
la caliginosa sierpe
por la columna de nube!
-¡Pronóstico que publica
el más florido milagro,
que dice que habrá en las Indias
rosas para todo el año!
-Oyes, muchacho, daca uno de ellos!
-No quiero, si no paga de contado.
Dí, ¿cuánto vale?
-Vale un tesoro, vale un milagro!
Veráse el signo de Virgen
en el cielo mexicano...
Conjunción de sol y luna
en Guadalupe observando
estarán, sin tierra en medio,
sin oposición entrambos.
Juan Diego, sin conjeturas,
sin gastar en astrolabios,
verá la estrella de Venus
y en su tilma hallará el Carro.
A la cola del Dragón
Cintia vencerá de espanto...
Con este retrato, pienso
morirá el signo de Cancro;
pero de León el signo
tendrá un panal sazonado.
Y a los doce de Diciembre
sucederá que un collado
aventaje de Vertumno
y de Chipre los espacios.
En ecos a María
canten acentos,
porque a lo lejos se oigan
de Ella los ecos!
De lejos vienen,
y sólo percibirse
los ecos pueden...
Las luces acrisola,
sola Flor bella;
Ella es planta amorosa,
rosa, azucena...
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