La Ciencia
por Manuel M. Flores


La Ciencia es el Fiat-Lux. Verbo fecundo
que rasgando la noche
del espíritu humano, le deslumbra;
y cual brotara de la sombra el mundo
a la voz del Eterno, así su rayo
una creación al pensamiento alumbra.

El alma por la Ciencia iluminada
despiértase del Orbe a la poesía,
como al beso de amor la desposada,
como la tierra despertó besada
por la fecunda luz del primer día.

Ciencia, antorcha de Dios, que sacudiendo
tus vívidos reflejos,
en el hondo horizonte de los siglos
alumbra las edades, y a lo lejos
iluminas los faros de la gloria
en las remotas cumbres de la historia.

Ciencia, rayo de luz, ráfaga hermosa
de la diadema del Señor caída,
ala en que se levanta poderosa
el alma, del instante de la vida
y en lo infinito piérdese radiosa.

Ciencia, mirada audaz allá siguiendo
en los abismos del vacío profundos
de los cometas pálidos los rastros
rasgando la cortina de los mundos
por saber el misterio de los astros.

Desprende el rayo de la nube ardiente
y mudo le encadena;
y esa sierpe de fuego que terrible
rasga el nublado y el confín atruena
hoy sumisa, obediente,
lleva en un hilo de metal flexible
del hombre la palabra inteligente.

¿Dónde está la distancia? Entre la espuma
de las salvajes las del Atlante,
fiero corcel del mar, su crin de bruma
sacudiendo el vapor pasa triunfante.
Alma que infunde a la materia el hombre,
con indomable empuje
el vasto espacio devorando, ruge;
atrás deja los ríos,
traspone las montañas,
los bosques, los desiertosy los valles…
¡Paso libre al vapor, en las entrañas
del Acultzingo se abrirá sus calles!
Ante esa faja caprichosa y leve
que se pierde en los mares
y se rasga al cruzar las sementeras,
no existen valladares
y se acercan amigas las fronteras.
¡Paso libre al vapor! Símbolo escaso
es del genio del hombre, que anhelante
marcha gritando: “¡Paso!
La voz del porvenir es ¡Adelante!”

Sí, la Ciencia es la luz. En vano el cielo
pretende deslumbrar el ojo humano
con su fúlgido sol, o en denso velo
de negras sombras esconder su arcano:
en vano el mar sus olas
sobre el bajel desplomará; la tierra,
en su seno fecundo,
la edad en vano guardará del mundo;
del libro de la ciencia prodigioso
páginas son las sombras del abismo,
y allí la Geología
encontrará el bautismo
de la Creación en su primero día.

En vano dondequier Naturaleza
ocultará el tesoro
de los secretos mil de su grandeza,
desde el cortejo de sus astros de oro
hasta la pobre flor de la maleza.
Rey de lo creado, el hombre se levanta
de pie sobre su imperio,
su corona es un sol, la inteligencia,
y sacude la antorcha de la Ciencia
y se rasgan los velos del misterio!...

¡La gloria es el saber! Cual se levantan
del Egipto en las mudas soledades
las gigantes pirámides, erguidas
en eternos cimientos,
en la extensión así de las edades
se levantan soberbios monumentos
al genio del saber; y ante su base
el siglo llega, se arrodilla… y pasa.

Grecia vive magnífica en la historia
con el recuerdo de oro
del arte y la poesía;
aun parece que oímos el sonoro
idioma de Tucídides y Homero
brotando en armonía,
y contemplamos a Platón severo
sentando en Sunio, meditando a solas
su grandiosa república, soñada,
al estruendo solemne de las olas.

Roma también. Pasaron sus legiones
con su pompa marcial y sus laureles,
tronaron de Alarico los corceles
en los templos de Júpiter, del solio
se eclipsó el esplendor, y ni las sombras
de los Césares guarda el Capitolio.
Se ausentaron los dioses y los reyes,
pero ante el mundo, Roma
quedó inmortalizada por sus leyes.

¡La gloria es el saber! ¡De él es el mundo!
De él ese rico porvenir naciente
cuyos albores reflejarse miro,
¡Hermana Juventud, sobre tu frente!

¡Oh, grata Juventud, vívida aurora
que ardiente llegas prometiendo el día
de la paz bienhechora
al turbio cielo de la patria mía;
Juventud, manantial de inspiraciones,
Alma toda alborotada en que se agita
un enjambre de nobles ambiciones;
foco de vida, nido de esperanza,
corazón de la Patria en que palpita
la fe en el porvenir y la confianza,
tú eres fuerza y poder! Tú eres el brazo
en que la Patria buscará su apoyo
para seguir altiva su camino,
y reposar al fin en el regazo
de ángel tutelar de su destino.

Vida le dieron nuestros padres héroes,
lauros y libertad dióle la guerra;
¡que la paz y el saber le den la dicha!...
Y el poder de esa dicha en ti se encierra.

¡Que el ángel del Progreso
traiga a mi Patria su divino beso!
Y con él al ungir sus sienes bellas,
encuentre, Juventud, que salpicaste
su oliva y sus laureles con estrellas!