El protestantismo (1ª. parte)
El protestantismo no posee las notas de la verdadera Iglesia
por el p. Hillaire




I. El Protestantismo no tiene la unidad:

1.- Ni en la doctrina, porque en su primer principio, el libre examen, no puede producir más que innumerables variaciones. Si se supone que cada uno, sabio o ignorante, puede interpretar la Biblia según sus propias luces o según su propio interés, habrá tantas creencias cuantos individuos: Quot capita, tot sensu. Los protestantes jamás han podido formular un símbolo admitido por todos. Sin embargo, la verdad es una, y Dios no puede revelar cosas contradictorias.
Por eso, entre los protestantes, los hombres juiciosos y lógicos o se convierten al catolicismo o caen en el racionalismo.
No hay término medio. O Jesucristo es Dios, o no lo es.
a) Si Jesucristo es Dios; su doctrina es necesariamente una: Dios no se muda, Dios no varía, su verdad permanece eternamente. Es así que el protestantismo profesa las creencias más diversas y contradictorias; luego NO es divino.
b) Si Jesucristo no es Dios, toda religión sobrenatural cae por tierra y no quedan más que el racionalismo y el ateísmo.
En vano intenta Jurieu sostener que la unidad necesaria a la Iglesia consiste en entenderse sobre los artículos fundamentales. Este sistema es arbitrario, contradictorio, impracticable.
Arbitrario, porque en una religión revelada todo es fundamental; en ninguna parte de la Escritura se lee que sea permitido a cada individuo elegir entre sus dogmas y preceptos.
Contradictorio, porque según este sistema, los protestantes están obligados a recibir en su comunión a todas las sociedades cristianas y aún a la Iglesia Católica: es inútil entonces rebelarse contra ella.
Impracticable, porque si hay artículos fundamentales, ¿cuáles son?. Las verdades claramente expresadas en la Biblia. ¿Cuáles?... los protestantes de Francia, reunidos en sínodo, en 1873, no pudieron ponerse de acuerdo ni aún acerca de la verdad fundamental de la divinidad de Jesucristo. Y sin embargo, ¿Qué hay más claro en el Evangelio?...



2.- Ni en el culto. Los protestantes carecen de culto; por lo pronto no tienen sacrificio. Los pueblos más bárbaros tienen sus sacrificios; los protestantes edifican templos, más no erigen altar. El templo sin altar no es un edificio consagrado a Dios. En cuanto a los sacramentos, algunas sectas no admiten más que el Bautismo, otras le añaden la Cena, insulsa falsificación de la Eucaristía.



3.- Ni en el gobierno. Desde el principio, el protestantismo ha rechazado toda autoridad docente, toda jerarquía. Está fraccionado en una multitud de sectas independientes, separadas por la creencia y frecuentemente empeñadas con encarnizamiento en su destrucción. Sólo un lazo las unifica: el odio mutuo al Papado, centro visible de la Iglesia Católica.
En el protestantismo no hay iglesias, es decir, sociedades religiosas. Para una sociedad se necesita la autoridad que ligue entre sí las inteligencias, las voluntades y los corazones. Si no existe la autoridad de una cabeza, no hay más que miembros dispersos y por lo tanto, no existe cuerpo moral, no hay sociedad. El protestantismo es una Torre de Babel, donde reina la confusión y la anarquía.

 

II. El Protestantismo no tiene la santidad:


1.- Ni en sus fundadores, que fueron hombres de conducta infame y escandalosa. Basta este carácter para juzgar esa religión. Dios no se sirve de gente corrompida para desempeñar una misión tan importante como sería reformar a Su Iglesia.



2.- Ni en su doctrina. Los principios del protestantismo llevan a todos los crímenes y los justifican todos. ¿Hay algo más inmoral que los primeros principios de sus fundadores: el hombre no es libre, las buenas obras son inútiles, la fe basta para salvarnos, por grandes que sean los crímenes que uno cometa, etc.? La conciencia se subleva contra estas abominables teorías. Por eso, los protestantes son indefinidamente mejores que sus principios, a causa de que éstos no han podido extinguir en ellos las luces de la ley natural.
El protestantismo, así como carece de unidad en sus creencias, tampoco tiene una moral común y obligatoria para todos: cada cual, interpretando la Biblia según las luces de la propia razón, traza y modifica su moral en conformidad con sus propios deseos. Y esto explica que algunos protestantes hayan llegado hasta negar las verdades que sirven de base a la moral, como la inmortalidad del alma, la existencia del infierno eterno…
Además, el protestantismo ha rechazado todos los medios de santificación, el ayuno, la abstinencia, las mortificaciones, los consejos del Evangelio, el culto a la Santísima Virgen, etc. Negando la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, ha cegado la fuente de las grandes abnegaciones y de las virtudes heroicas. No crecen en su campo las tres hermosas flores de la vida cristiana: la humildad, la virginidad, la pobreza voluntaria. Ha rebajado por doquier el nivel de moral del pueblo, suprimiendo el freno de la confesión y los auxilios del culto.



3.- Ni en sus miembros. No ha producido ningún santo cuya santidad esté comprobada con milagros. Sólo los malos católicos se pasan al protestantismo, y al contrario, los mejores protestantes se hacen católicos. El vicio atrae como la virtud, y cada uno va a la religión que se le asemeja.
Según un proverbio inglés, cuando el Papa escarba en su jardín, arroja las malas hierbas a los protestantes; el protestantismo es la cloaca del catolicismo. Es un hecho confirmado por la experiencia.
Lutero y Calvino hubieran deseado hacer milagros para probar su misión, pero no se hacen milagros como se hacen cismas. Erasmo se mofaba de estos pretendidos reformadores, incapaces todos juntos de sanar a un mal caballo cojo.
“Lutero ensayó una vez exorcizar a un poseído, y el demonio estuvo a punto de estrangularlo. Calvino quiso un día hacer un pequeño milagro. Pagó a un hombre llamado Brule, para que se hiciera el muerto y resucitara cuando él se lo mandara. Calvin, seguido por una muchedumbre curiosa, llega junto al fingido muerto, y dice en voz alta: ¡Brule, en nombre de Jesucristo, levántate! El compadre no contesta. La esposa de Brule se acerca para sacudirle, pero estaba muerto, castigado por la justicia divina. La pobre mujer lanza gritos desesperados y cuenta lo que había pasado. Calvino huyó temblando de miedo y vergüenza. Este hecho se divulgó por todas parte” (San Alfonso María de Ligorio).

 

III. El Protestantismo no tiene la catolicidad:


1.- Ni la del tiempo. Data del siglo XVI.


.2.- Ni la de los lugares. No se extiende sino a los países donde se impuso violentamente, y se halla dividido en numerosas sectas. Cada una, tomada separadamente, no ocupa más que un pequeño rincón del globo. Los luteranos en Alemania, los calvinistas en Suiza y Francia, los anglicanos en Inglaterra, los presbiterianos, en Escocia, etc. El protestantismo no está extendido por toda la Tierra.


2.- Ni la del número. La Iglesia Romana sola es cinco veces más numerosa que todas las sectas protestantes reunidas. Es la misma en todas partes, y, al contrario, el protestantismo es diferente en todas partes. Impotente para constituir una sociedad universal, no puede atribuirse con justicia el título de católico.

 


IV. El Protestantismo no tiene la apostolicidad


1.- Ni la del origen
. Sus autores, Lutero, Calvino, etc., están separados de los apóstoles por un intervalo de quince siglos.


2.- Ni en la doctrina. Los apóstoles no han transmitido más que una sola e idéntica doctrina, los mismos sacramentos, el mismo culto; en todo lo cual, el protestantismo ofrece infinitas divergencias. Ningún hombre de buen sentido creerá jamás que los apóstoles hayan enseñado creencias contradictorias.
Las doctrinas protestantes varían diariamente y se podría continuar la obra inmortal de Bossuet: Historia de las variaciones protestantes. La doctrina de los apóstoles, como la de Jesucristo, es inmutable.


3.- Ni la de misión. Los fundadores del protestantismo no recibieron su misión ni de los sucesores de los apóstoles ni directamente de Jesucristo. ¿Quién, pues, les dio el poder de predicar el Evangelio?
Para refutar a todos los protestantes pasados, presentes y futuros, basta plantearles la cuestión que planteaba Tertuliano a los “innovadores” de su tiempo: ¿Quiénes sois vosotros y de dónde venís? Al principio, estabáis en el seno de la Iglesia Romana, cuando la dejastéis, ¿quién os dio la misión de predicar estas nuevas doctrinas? Todo aquel que habla en nombre de Dios debe ser enviado por Dios. Probad pues, vuestra misión.
Hay dos géneros de misión: una ordinaria y otra extraordinaria.
La misión ordinaria es aquella en cuya virtud los sacerdotes son enviados por el Papa en el mundo entero, o por los obispos en sus diócesis, a propagar la fe.
Los innovadores no pueden atribuirse la misión ordinaria, porque fueron excomulgados por el Papa y condenados por los obispos.
¿Recibieron acaso una misión extraordinaria? Tal misión no es legítima si no se prueba con una eminente santidad de vida y con milagros. Así es como San Pablo probaba su misión: “Aunque nada soy, con todo, yo os he dado señales de mi apostolado con manifestar una paciencia a toda prueba, con milagros, con prodigios y con maravillas del poder divino” (2Corintios 12, 11-12).
Pues bien, ¿Dónde están los milagros obrados por los fundadores del protestantismo?
No habiendo recibido una misión ordinaria ni misión extraordinaria, no son pastores legítimos, son intrusos, lobos rapaces introducidos en el rebaño.

Extraído del libro La Religión Demostrada, de P.Hillaire

Copista del artículo: Jesús Hernández

SEGUNDA PARTE ("En su regla de fe, el protestantismo contradice a Nuestro Señor Jesucristo")

"SEA PARA GLORIA DE DIOS"