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Respuesta a Daniel Sapia sobre el Purgatorio

Por Jesús Hernández

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(Actualizado en Septiembre 2005)

Dentro de los muchos artículos anticatólicos publicados por el protestante bautista Daniel Sapia, hay uno que trata sobre el Purgatorio, mismo que procuro responder aquí, manifestando mi desacuerdo con la postura que adopta el hermano separado con respecto a éste punto de la doctrina católica.

El Purgatorio, o mejor dicho, la doctrina del Purgatorio, es un Dogma de Fe de la Iglesia Católica, según el cual, quienes mueren en estado de pecado venial, sin haber perdido totalmente la gracia de Dios, pasarán por un estado de purificación llamado Purgatorio, estado temporal y que durará hasta que estén completamente limpios de pecado, cumplido lo cual irán al cielo.

Veamos lo que al respecto tiene que decirnos nuestro hermano separado:



A pesar de que no hay base bíblica para el Purgatorio, hay una fuerte necesidad filosófica para esta doctrina en la teología católico romana.



Premisas equivocadas llevarán a conclusiones equivocadas, como es eso de dar por sentado -antes de cualquier discusión-, que "no hay base bíblica para el purgatorio".
Y es que SÍ hay tal base bíblica. Si el sr. Sapia estudió la Teología Católica al grado de saber sus "necesidades", HABRÁ leído las citas bíblicas en las cuales se basa la Iglesia para enseñar esta doctrina. Hablamos, claro de un estudio serio y calificado de la Teología Católica.




La Iglesia Católica considera que la salvación es como un objeto de adorno o embellecimiento del alma.



Antes de seguir adelante, señalo que aquí falta algo, que Sapia por lo visto consideró innecesario:
La cita específica y explícita en donde la Iglesia declara -o declaró- tal cosa, y es que como católico, pienso que sería un tanto desafortunado que la hipótesis de Sapia fuera verdad, y que efectivamente la Iglesia dijera: Consideramos que la salvación es un objeto de adorno para el alma..

Y también sería desafortunado -pero para Sapia-, que su hipótesis no fuera más que sólo eso, una infundada hipótesis.


Por lo tanto, es lógicamente razonable requerir la limpieza total de cada vestigio de pecado antes que el alma pueda entrar en la presencia de Dios. Por consiguiente, el Purgatorio es la extensión lógica del proceso de salvación de la Iglesia Católica.



Es que no se trata de lógica. La Biblia dice: "Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero." (Apocalipsis 21:27)
De lo cual se desprende, no por lógica, sino por revelación divina, que SÓLO LAS ALMAS LIMPIAS entrarán en la presencia de Dios.

Y el proceso de salvación no es "de la Iglesia", sino DE DIOS. La Iglesia no inventó ni diseñó la salvación; esto lo hizo Dios.


Finalmente, la Iglesia Católica usa el Purgatorio para motivar a los católicos a que vivan una vida de justicia. Si no hubiera Purgatorio, piensa la Iglesia, la gente continuaría pecando sin temor.



Primero tenemos que resolver un acertijo: ¿Cómo sabe Sapia lo que "la Iglesia piensa"?
No hallo más que dos explicaciones: Poderes telepáticos o bien gran amistad de Sapia con personajes de alto rango en los cargos eclesiásticos, al punto de que lo hagan partícipe de "lo que piensa la Iglesia".

Lo que más temor genera en el cristiano (ya sea católico o protestante), no es el purgatorio, sino el INFIERNO. Si no hubiera infierno, es que la gente pecaría sin temor, ya que no habría castigo para el impío.
Pero como sí hay infierno (y esto hasta Sapia lo reconoce), entonces ambos grupos (católicos y protestantes), tienen temor de irse al infierno al morir, y esto se resuelve del siguiente modo:

Entre los Evangélicos: No hay cuidado. Con sólo creer en Cristo somos salvos, ya brincamos por encima del infierno.

Entre los Católicos: Cristo quiere que nos salvemos, pero nos quiere SANTOS. Creer que Cristo es Dios no nos hace santos, como no hace santos a los demonios. Por lo tanto, es por la Fe, la Gracia de Dios, las Buenas Obras, los Sacramentos, y la Vida Cristiana, que brincamos por encima del infierno. Y si estamos en un estado de gracia aún insuficiente para lograr el cielo, Dios nos impone una purificación en el purgatorio.


La salvación bíblica, por otra parte, no tiene necesidad de un lugar como el Purgatorio. La salvación bíblica no depende de las obras ni del sufrimiento de pecadores, sino solamente de Cristo. El Señor Jesucristo efectuó «la purificación de nuestros pecados» (He. 1:3) en la cruz. Su sangre puede limpiar al más vil pecador (He. 9:14). No queda ningún castigo temporal por el cual el creyente deba expiar; Jesús pagó por todo: «Y él es la propiciación por nuestros pecados» (1 Jn. 2:2).



En la Teología Católica (que Sapia parece conocer muy bien), se expone contundemente que si los hombres tienen la posibilidad de salvarse, es POR CRISTO SOLAMENTE. En este punto, ni los teólogos católicos, ni el Magisterio de la Iglesia, difieren del sr. Sapia.

Lo que discierne la Iglesia, es que nosotros debemos buscar esa salvación, no limitándonos a decir "Señor, creo en Tí", sino en: Amándolo por sobre todas las cosas, según el primer Mandamiento, haciendo las Buenas Obras que él de antemano dispuso que hiciéramos, haciendo las obras de caridad que ante Él nos hacen justos, obedeciéndolo al acudir a los Sacramentos que él instituyó para distribuir la Gracia, y además, llevando una vida cristiana, no simplemente "creer", como dice Sola Fide.


En vez de centrarse en las buenas obras y el sufrimiento de la persona, la salvación bíblica destaca la perfecta obra de Cristo. Cristo es suficiente para presentar a los pecadores ante Dios «sin mancha delante de su gloria con gran alegría» (Jud. v. 24). Dios no mira más a la persona como a un pecador inmundo, sino que lo ve sólo en Cristo (Ef. 1: 1- 14), «santos y sin mancha delante de él» (Ef. 1:4).



La perfecta obra de Cristo no es hacer automáticamente salvos a quienes crean que la hay. ¿No creerán los demonios en la perfecta obra de Cristo? ¿Son salvos por eso?

La perfecta obra de Cristo nos redime y nos da la posibilidad de salvarnos. Para hacerlo, no basta decir "¡Señor, Señor!", sino que hay que cumplir la voluntad de Dios (Mateo 7:21), dentro de la cual está hacer buenas obras (Mateo 25:31-46).


Finalmente, la salvación bíblica involucra un nuevo nacimiento que resulta en una nueva creación (Jn. 3:7; Ef. 2:15). Un cristiano nacido de nuevo quiere obedecer a Dios. Es motivado por el amor de Cristo, no por el temor de una dolorosa retribución (2 Co. 5:14; Ro. 8: 15).



Esto podrá sonar muy bonito, pero en realidad, también tiene lagunas:

Primero: Existen santos en la Iglesia Católica, cristianos que quisieron obedecer a Dios, mucho antes que "tener miedo" al infierno o al purgatorio. Sapia no considera "nacidos de nuevo" a los católicos, pero he aquí que unos santos SÍ quisieron obedecer a Dios y lo hicieron, y como producto de su obediencia, forman un excelente ejemplo para los demás cristianos, tanto católicos como protestantes.

Segundo: Yo conozco protestantes que lejos de basar su salvación en el amor a Cristo, lo basan precisamente en la Escatología. Los Testigos de Jehová son expertos en atemorizar con el Armagedón y el Apocalipsis, y conque "Jehová Dios mandará a los impíos al sheol". Mientras que en la Iglesia Católica se nos motiva precisamente a querer obedecer a Dios por amor a Él. ¿Pruebas de esto?

A los 8 años, en mi Catecismo de la Primera Comunión, y posteriormente, en Libros de Teología, aprendí que la Iglesia contempla dos casos de arrepentimiento: la contricción perfecta y la contricción imperfecta. La primera es aquella que es movida por el dolor de haber desobedecido a Dios, que es tan bueno que tanto nos ama (basta leer la oración del Acto de Contricción), y en cambio, la contricción imperfecta viene, PRECISAMENTE, de miedo al infierno o al purgatorio, principalmente al infierno. El resultado es que la Iglesia nos enseña que es MEJOR para lograr la Gracia, la contricción perfecta. (Ver numerales 1452 y 1453 del Catecismo de la Iglesia Católica)

Tercero: Esa salvación, basada en un "nacimiento de nuevo", también es creída por los católicos. Entre los protestantes varían las opiniones sobre ese "nuevo nacimiento", pero entre los católicos tal nuevo nacimiento es el BAUTISMO.


Ni la palabra "Purgatorio" misma, ni la idea del Purgatorio, puede encontrarse, aunque sea una sola vez, en toda la Biblia.



Ya hacían falta argumentos "de los buenos"; pero vamos a comentarlos también.
Por "palabras", tenemos muchos problemas, hermano Sapia. Ni la palabra "Biblia", ni "Trinidad", ni "Sola Fide", ni "Sola Scriptura", se pueden encontrar tampoco en la Biblia. Entonces esos conceptos son falsos, si seguimos su lógica.

En cuanto a la "idea" de Purgatorio, pues verá usted, entendemos que lo que sustenta a una doctrina son CONCEPTOS, no "ideas", pues la Biblia no es una colección de "ideas" sino la Revelación de la Verdad.

Leamos algunos interesantes versículos bíblicos que denotan la existencia del Purgatorio:

Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro. Mateo 12:32

Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. Mateo 5:25-26 y Lucas 12:59

Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego. 1Corintios 12-15

Al día siguiente, fueron en busca de Judas (cuando se hacía ya necesario), para recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres.
Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres.
Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido.
Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección.
Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso.
Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado. (2 Macabeos 12:39-46)



No obstante, tenemos malas noticias para quienes pretenden sustentar bíblicamente el Purgatorio con 2° Macabeos 12:46. Este versículo tiene 2 heridas mortales que lo dejan totalmente fuera de cualquier consideración.

Para explicar la primera herida, basta con decir que el libro de 2° Macabeos es uno de los libros apócrifos (deuterocanónicos) de las Biblias católico romanas. Este libro del Antiguo Testamento nunca formó parte del Canon de la Ley Judía. El autor anónimo de 2° Macabeos no afirma hablar por Dios. Ni siquiera presenta su libro como una obra original. Declara que esto es un compendio de los escritos de otro hombre: "La historia de Judas el Macabeo... fue narrada por Jasón de Cirene en cinco libros, que nosotros nos proponemos compendiar en un solo volumen." (2° Macabeos 2:20-24 NC)



Para empezar, el Segundo Libro de los Macabeos sí formó parte del Canon Judío. La Septuaginta fue la versión de la Biblia utilizada por los judíos de Egipto, el llamado canon alejandrino incluye sin lugar a dudas cuatro libros de los Macabeos, de los cuales todos fueron rechazados por los judíos en el Concilio de Jamnia (año 100 D.C.), y dos de ellos [el primero y el segundo], fueron aceptados por la Iglesia Primitiva, en los sínodos de Hipona y Cartago.

El sr. Sapia omite dos cosas:
Una: Decirnos por qué necesitamos que el 2º libro de Macabeos estuviera en el Canon Palestino (estando ya en el Alejandrino) para ser aceptado por nosotros los cristianos, y Dos: Recordar que los libros del Nuevo Testamento no formaron tampoco parte de ningún canon judío (ni el palestino ni el alejandrino), Entonces, según Sapia el N.T. tambien tiene "una herida mortal" que lo deja fuera de consideración.

Pasemos a otro tópico; pocos libros de la Biblia afirman la autoridad divina que de ellos emana. Por ejemplo, en su Evangelio, San Lucas habla de que "he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo" (Lucas 1:3). Donde San Lucas se atribuye a sí mismo la autoría de su Evangelio, que sea original o de otra persona no tiene importancia. San Lucas mismo no presenció los hechos evangélicos originales, sino que compendió y detalló lo que conocían los otros Apóstoles, y muchos concuerdan en que también recopiló información de la Virgen María.


Desechamos por lo tanto, como FALSA, la hipotética
"primera herida"; del 2º. libro de los Macabeos [libro de la Biblia]




Las personas mencionadas en 2° Macabeos 12:26 habían sido culpables de idolatría, pecado que la Palabra de Dios castiga con el Infierno (Apocalipsis 21:8; 22:15). "y encontraron debajo de la ropa de los que habían sido muertos algunas ofrendas de las consagradas a los ídolos que había en Jamnia, cosas prohibidas por la ley a los judíos con lo cual conocieron todos evidentemente que esto había sido la causa de su muerte".

Según la doctrina católica, esta idolatría es pecado mortal. Por lo tanto, esta actitud habría enviado a esos hombres, no al Purgatorio, sino al infierno, del cual nadie los puede sacar. Por lo tanto, la idea de orar por ellos era una blasfemia y también una pérdida de tiempo, y difícilmente podría aceptarse como buena base (...y "bíblica"...) para aceptar la doctrina del Purgatorio.



Sabemos, no obstante, que el libro de los Macabeos en ningún momento habla de que esos hombres cometieran idolatría. Poseer objetos consagrados a los ídolos no es equivalente de haber adorado a dichos ídolos, cometiendo así la mentada idolatría. Poseer objetos consagrados a los ídolos estaba prohibido a los judíos (Deuteronomio 7, 25), y la Biblia nos cuenta que por este pecado se castigaba con la muerte, no con el Infierno, a los infractores, ver (Josué 7, 22-26. ) Notar también que dice que conocieron la causa de su MUERTE, no la causa de su CONDENACIÓN.

Con este sencillo razonamiento también se ve el error de esta "segunda herida".


Desechamos también, al ser FALSA, la hipotética
"segunda herida"; del 2º. libro de los Macabeos [libro de la Biblia]




La idea del Purgatorio, un lugar ficticio de purificación final, fue inventada por el Papa Gregorio el Grande en el año 593.



¡Hay que estudiar Historia, estimado Sapia!, no se puede hablar de sucesos históricos si no hay -valga la perogrullada-, CONOCIMIENTO de dichos sucesos históricos.

Es interesante hacer notar que algunos Padres Primitivos hablaron (bastantes antes de 593 d.C.), sobre el Purgatorio, citemos:


A propósito de Mateo 12, 32, San Gregorio Magno comenta: “En esta frase se nos da a entender que algunas culpas se pueden perdonar en este mundo, y algunas también en el mundo futuro”. (Dial. IV 39)

Tertuliano interpreta la “cárcel” de Mateo 5, 25-26, como el infierno, y el “último ochavo”, como las culpas que tenía que expiar allí por ser dilatada la resurrección”. Los argumentos bíblicos son usados sobre todo por los padres latinos. (De anima 58)

San Cipriano enseña: “Es distinto sufrir prolongados dolores por los pecados y ser limpiado y purificado por fuego incensante, que expiarlo todo de una vez por el martirio”. (Ep. 55, 20)

San Agustín distingue entre las penas temporales que hay que aceptar en esta vida como penitencia, y las que hay que aceptar después de la muerte: “Unos solamente sufren las penas temporales en esta vida, otros sólo después de la muerte, y otros, en fin, en esta vida y después de la muerte, pero todos tendrán que padecerlas antes de aquel severísimo y último juicio”. A menudo habla también del fuego “corrector y purificador”. (De Civ. Dei XXI 13; Enarr. in Ps. 37, 3, Enchir. 69).

Santo Tomás dice: “La existencia del purgatorio se prueba especulativamente por la santidad y justicia de Dios. La santidad de Dios exige que sólo las almas completamente purificadas sean recibidas en el cielo (Apocalipsis 21, 27); su justicia reclama que se paguen los reatos de pena todavía pendientes, y, por otra parte, prohibe que las almas unidas en caridad con Dios sean arrojadas al infierno. Por eso hay que admitir la existencia de un estado intermedio, que tenga por fin la purificación definitiva, y sea, por lo tanto, de duración limitada”. (Sent. IV, d.21)



Con lo cual, la simpática idea de que hasta el sexto siglo de cristianismo se "inventó" el Purgatorio, pasa al plano de la ficción.


Ninguna doctrina ha aumentado tanto el poder de la Iglesia sobre sus miembros ni añadido tanto a sus ingresos. Hasta este día la amenaza del Purgatorio cuelga sobre los católicos, quienes por lo tanto dan ofrendas con frecuencia a la Iglesia por su ayuda en sacarlos de ese lugar de tormento imaginario.



El sr. Sapia puede contar con que tendré toda la paciencia para explicarle sus errores en cuanto a la doctrina católica.

Y es que la Iglesia ENSEÑA el Purgatorio, no AMENAZA a sus fieles con dicho lugar, no más de lo que advierte que quien muera sin arrepentirse irá al INFIERNO.
Y el protestantismo enseña también que quien muere sin la gracia de Dios irá al INFIERNO... ¿Acaso está "amenazando" a sus fieles???

Muy al contrario, dice la Iglesia:
Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).

Por tanto, ORAR privadamente por las almas del purgatorio, también sirve para interceder ante Dios por ellas. Y orar privadamente no reporta ningún ingreso de tipo económico a la Iglesia. En cuanto a las misas, se ofrecen como ofrendas propiciatorias, pero jamás han sido obligatorias. Si el fin fuera "sacarle dinero" a los fieles, la Iglesia diría que es del todo punto indispensable ofrecer (muchas) Misas por el difunto. Pero la Iglesia no dice esto.
Cuide que su anticatolicismo, sr. Sapia, no lo lleve al peligroso terreno de la CALUMNIA.


Por una parte, se nos dice que el sacrificio de Cristo no es suficiente para llevar a uno al cielo, pero además de los sufrimientos de Cristo en la cruz, el pecador perdonado debe personalmente sufrir tormento para ser purificado de su pecado. Por la otra, sin embargo, y en contradicción directa, se dice que la misa, la cual es la representación o renovación perpetua del sacrificio de Cristo, reduce (por una cantidad desconocida) los sufrimientos del individuo.



Temo, hermano Sapia, que soy un poco lento para seguir el rápido paso de usted. Por eso pido que hagamos un pequeño alto para analizar una cuestión.

Según lo que nos informa, la Iglesia dice que el sacrificio de Cristo no es suficiente para llevar a uno al cielo, PERO NO nos dice en qué documento, Concilio o Papa, se encuentra este "dicho" de la Iglesia.
Debo al mismo tiempo notificarle que en todos los libros de enseñanza católica que he consultado, he encontrado que la Iglesia dice y repite, alabando a Dios, que por el Sacrificio de Cristo hemos sido redimidos, y PODEMOS ir al cielo.

No puede usted comerse el pescado ANTES de pescarlo.


Si uno realmente tuviera que sufrir antes de que las puertas del cielo pudieran abrirse, la Iglesia no tendría nada que ofrecer y perdería un importante medio de ingreso. Lo mismo sería cierto si el sacrificio de Cristo por el pecado, como la Biblia lo enseña, fuese suficiente para purificar al pecador. Nuevamente, la Iglesia Católica iría a la bancarrota.



La Iglesia, como hemos dicho, si quisiera dinero DIRÍA que las Misas por los difuntos son obligatorias y además numerosas. Afirmar que cada fiel puede en privado rezar y ofrecer sacrificios menores por sus intenciones, ya es RENUNCIAR a un medio de ingreso.

Así que desestimamos tales acusaciones sulfúricas contra la Iglesia.


¡Es asombroso que lo que el sufrimiento de Cristo en la cruz no pudo efectuar, las alegadas repeticiones de ese sufrimiento representadas sobre los altares católicos pueden lograrlo!



Pero esto que nos dice el hermano separado Sapia, también va contra el Infierno.

Si porque Cristo murió en la Cruz, "ya no tenemos que padecer", entonces nadie iría al infierno, porque "Cristo ya pagó".

Cristo sufrió en la Cruz para perdonar nuestros pecados, pero eso no significa que nuestros pecados "estén pagados por anticipado". Cristo nos da la oportunidad de ser JUSTIFICADOS, pero no nos justifica su mera muerte en la Cruz, nos justifica la Fe, las Buenas Obras, la Obediencia, los Sacramentos, las Virtudes, etc.

Por otro lado, las Misas no son "repeticiones" del Sacrificio de Cristo, sino que son el mismo Sacrificio de Cristo, ofrecido en el Altar de la Eucaristía. Es un solo y único Sacrificio.
De ahí que por los méritos de ese único Sacrificio de Cristo, el pecador es perdonado de sus pecados.

Y siendo la Misa y la Cruz un MISMO SACRIFICIO, no hay "contradicción" alguna.



De mi parte no hay nada más que agregar. Confiamos en la honestidad del sr. Sapia, quien sin duda tomará nota de los errores cometidos por él en este artículo suyo que comentamos, para consecuentemente enmendarlos.





SEA para GLORIA de DIOS