En la segunda mitad de su artículo, Sapia publica varios comentarios del sr. Fernando Saraví, sobre la Eucaristía. Comentarios que -según Sapia- "no tienen desperdicio".
Tengo la idea de haber intercambiado opiniones una sola vez con Fernando Saraví, pero ciertamente no sobre la Eucaristía. Contestaré también a Saraví, para luego retomar las palabras de Sapia:
Dice el hermano separado Saraví:
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Si bien la interpretación romanista de la Eucaristía se basa en gran medida en Juan 6, en su contexto este pasaje no está directamente relacionado con ella. De hecho, es notable que el Evangelio de Juan sea el único que omite las palabras de institución de la Eucaristía.
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Notemos que el sr. Saraví no llega a "desconectar" a Juan 6 de la Eucaristía. Dice que no hay "relación directa" entre Juan 6 y la Eucaristía. De ello podemos inferir que SÍ hay una relación indirecta.
Y lo admitimos. Cristo, en Juan 6, no habla de la Eucaristía como Sacramento y/o Sacrificio. Pero sí habla de la necesidad de comer Su Carne y beber Su Sangre para tener vida eterna, y aquí aparece pues, la relación con la Eucaristía, puesto que la Eucaristía, en la interpretación católica (no "romanista"), es precisamente comer el Cuerpo de Cristo y beber la Sangre de Cristo.
Saraví encuentra "notable" que San Juan no hable en su Evangelio de la institución de la Eucaristía. Para entender esto, recordemos que San Juan fue el último de los evangelistas en escribir. Cuando redactó su Evangelio, ya existían y se leían los otros 3 (Mateo-Marcos-Lucas), y por lo tanto, San Juan los conocía y sabía sobre qué puntos debía reforzar; puntos poco tratados por los otros evangelios. Por eso, San Juan sí habla de la Eucaristía en su capítulo sexto, y en vez de la Última Cena, nos transmite el último discurso de Jesús a sus discípulos.
Finalmente, ¿Por qué Saraví resalta que San Juan no habla de la institución de la Eucaristía?; está claro que aunque San Juan no la mencione, los otros 3 evangelistas sí lo hacen, y el silencio de San Juan al respecto no disminuye la importancia de los otros Evangelios y de la 1a. carta de San Pablo a los Corintios, que también relata la Institución de la Eucaristía.
Parece, entonces, que Saraví señala que "San Juan omite esto", como intentando decir que por ese motivo, el asunto tratado tiene menos fuerza.
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Entonces le dijeron [los judíos]: -¿Qué haremos para realizar las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: -Esta es la obra de Dios: que Creáis en aquel que él ha enviado." Aquí Jesús afirma claramente que Dios no está exigiendo obras como condición para recibir la salvación, excepto la "obra" de creer en Jesucristo, quien fue enviado por el Padre. Esta fe lleva a la salvación y a la vida eterna.
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Pero es que Cristo no habla para nada de SALVACIÓN, en este momento. Es el sr. Saraví quien trae a colación el tema de la Salvación. Los judíos únicamente preguntan por la naturaleza de las "obras de Dios", sin referirse a las consecuencias o fines de cumplir con ellas.
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vv. 30-31"Entonces le dijeron: -¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron [efagon] el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer [faguein]." Para poder creer, los judíos exigían un signo o milagro; como, por ejemplo, el milagro del maná que sus ancestros habían recibido en el desierto. Este fue su primer error. Nótese cuidadosamente que fueron los interlocutores de Jesús quienes trajeron al debate el tema del alimento milagroso. La respuesta de Jesús debe interpretarse a la luz de este desafío.
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El hecho de que los judíos "trajeran al debate" el asunto del alimento milagroso, no es óbice para que Cristo tuviera realmente la intención de darnos un alimento milagroso: Ese alimento milagroso es EL MISMO JESUCRISTO. Incluso hasta este punto, el sr. Saraví parece estar de acuerdo con la exégesis católica.
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vv. 32-33"Por tanto Jesús les dijo: -De cierto, de cierto os digo que no os ha dado Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo y da vida al mundo."
"Por tanto" indica la reacción de Jesús ante la exigencia de sus oyentes. Ahora el Señor emplea las propias palabras de ellos para enseñarles con autoridad. Comienza afirmando que el descenso del maná no fue obra de Moisés sino de Dios mismo y acto seguido establece que el verdadero pan que desciende del cielo no es el maná, sino una Persona enviada por el Padre para que el mundo pudiese tener vida a través de ella. El maná que sostuvo al pueblo peregrino y hambriento de Israel y permitió su supervivencia física no fue sino una sombra o tipo del verdadero alimento celestial, es decir Cristo, por medio de quien tenemos vida eterna.
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Lo interesante de todo esto, es que el sr. Saraví habla de la persona de Jesucristo, comparándola a un PAN verdadero.
El sr. Sapia enfocó sus argumentos sobre el significado de las palabras de Cristo, no en relación a su persona, sino en relación a ACTOS, incluso señalando como "sinónimos" a "comer" y "creer".
Esto nos lleva a concluir que el sr. Sapia manejó el asunto de un modo distinto a como lo maneja el sr. Saraví. El primero habla de ACTOS derivados de las palabras de Cristo, y el segundo inicia su argumento con el principal actor del asunto: Jesucristo en SU PERSONA.
Hasta el momento, el sr. Saraví no ha dicho nada en contra de la doctrina católica. Solamente más abajo empiezan las diferencias: Jesucristo es como un PAN VERDADERO, pero la diferencia en la interpretación es que el sr. Saraví dice que "hay que creer en Él, quien es como un pan", la Iglesia y la Tradición dicen que "hay que comerlo físicamente, en comunión íntima con Él".
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"Le dijeron: -Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: -Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed Jamás. Pero os he dicho que me habéis visto, y no creéis."
A pesar de la declaración de Jesús, sus oyentes continúan pensando acerca de comestibles, como una especie de “supermaná”. Por tanto, ahora el Señor se torna más explícito: los judíos no han de esperar simplemente un mejor maná, sino la definitiva salvación de Dios, la cual no se encuentra sino en Cristo. No se trata, como enseña la doctrina de la transubstanciación, que el pan se convierta en Cristo, sino de que Él es como un pan que da vida eterna. La única forma de comer este pan es creer en Jesús, quien por disposición del Padre es Señor y Salvador. Jesús es capaz de llevar a la vida eterna a todo el que cree.
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Aquí Saraví cae en el mismo caso de Sapia, concluyendo sin más trámite que "comer" es lo mismo que "creer". ¿Por qué ésto?: Saraví no lo explica.
Saraví señala que la salvación definitiva se encuentra en Cristo, y en eso el catolicismo está perfectamente de acuerdo, pero para nosotros, la salvación no se consigue meramente con una confesión de fe, sino que se debe demostrar mediante obras que la fe nos ha cambiado, y que la Gracia de Dios -recibida en los Sacramentos-, nos fortalece continuamente.
Y finalmente, Saraví repite que "la forma de comer el pan es creer en Cristo", a modo de afirmación que -por su estructura-, pareciera no necesitar ningún respaldo o explicación. No nos conformamos con esto, ciertamente: esto parece predicación, no Apologética.
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Quien descendió del cielo no es otro que Jesús, y por tanto Él es la comida y la bebida de la salvación. Pero como ocurre a menudo en los Evangelios, y particularmente en este de Juan, aquellos que hablan con Jesús no entienden lo que les está diciendo.
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Aquí Saraví y la Iglesia sostienen cosas contrarias: Para Saraví, los oyentes de Cristo "no lo entendieron". Para la Iglesia, los oyentes entendieron perfectamente, pero no creyeron que Cristo se nos daría en forma accesible, en forma de Pan y Vino, y no necesariamente como Carne y Sangre humanas.
Cuando no le entendían, Jesús explicaba sus palabras, baste citar episodios neotestamentarios: Cristo dijo a Nicodemo que había que "nacer de nuevo" y Nicodemo pensó que se refería a "reimplantarse" en el seno de la madre para "nacer de nuevo". Cristo entonces le explica sus palabras. Cristo dijo a sus discípulos que se guardaran de la "levadura de fariseos y saduceos", y ellos pensaron que Cristo hablaba de pan comestible. Entonces Cristo les hace entender que le entendieron mal. Cristo dijo que tumbaran "ese templo" y que Él lo reedificaría en tres días, y el evangelista anota que se refería al templo de Su Cuerpo, aunque los oyentes pensaron que se refería al templo de Jerusalén. Cristo dijo a sus discípulos que "Lázaro dormía", y ellos pensaron que hablaba de sueño normal, entonces Cristo les tiene que decir sin tapujos que Lázaro murió.
Puesto que Cristo explicó sus palabras en asuntos tan simples y poco importantes, es IMPRESCINDIBLE que explique sus Palabras en este asunto, muy importante, puesto que va a tener la consecuencia de que miles de millones lo adoren bajo la forma de PAN.
¿Dónde está ESA EXPLICACIÓN NECESARIA...?
Los sres. Saraví y Sapia pretenden TOMAR EL LUGAR DE CRISTO, con su intención (que no creo mala) de "explicarnos" el sentido de las palabras de Cristo, cuando Él EN NINGÚN MOMENTO respalda tales interpretaciones.
Desde los Apóstoles hasta nuestros días esa creencia sigue en pie, mucho antes de que los protestantes cuestionaran la Eucaristía... ¿Permitiría Cristo semejante ERROR? Es un Cristo un tanto imperfecto, y poco previsor; aquel en quien creen los protestantes.
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vv. 48-51"Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron [efagon] el Maná en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma [fagëi] de él no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come [fagëi] de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré por la vida del mundo es mi carne."
La comparación es directa. Aquellos que, guiados por Moisés, comieron el maná del cielo, de todos modos murieron. En cambio, Jesús ofrece ahora nada menos que vida eterna, y tal vida perdurable solamente puede obtenerse por medio de él. Por esta razón, el maná era un tipo o prefiguración de la realidad que se encuentra solamente en Cristo. Por esta razón él se describe a sí mismo como el pan definitivo, un pan que será dado para la salvación del mundo, como luego dirá el Apóstol, “muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.” Sus oyentes se muestran cada vez más confundidos, por la sencilla razón de que ellos están pensando en que Él habla de comer literalmente la carne de Jesucristo. Su error fue precisamente desconocer el paralelo que Jesús trazaba.
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Aunque el paralelo trazado puede parecer bien descrito por el sr. Saraví, éste señala un "error" por parte de quienes lo oían. De existir ese ERROR, simplemente en base al sentido literal de las palabras de Cristo, ¿Por qué Éste no los corrigió?.
El problema es mucho más hondo: Los oyentes ni siquiera se creían que había bajado del cielo, de modo que el tomar sus palabras en sentido simbólico o literal no cambiaba mucho las cosas.
Suponiendo que ellos creyeran que Él había bajado del cielo, y que su "error" se limitara a tomar las palabras de Cristo literalmente, entonces estarían en el mismo plano en el que (dicen los protestantes) estamos los católicos.
¿No es de suponerse que faltándoles tan poco, Cristo hubiera explicado fácilmente que el sentido de sus palabras era simbólico????
Repetimos: Esa explicación necesaria está AUSENTE no sólo del Evangelio de San Juan, sino de todo el Nuevo Testamento y de los testimonios cristianos primitivos.
A nosotros nos llega la "explicación" hasta el siglo XI con Berengario, después con Wycleff, los reformadores, y actualmente con algunos apologistas protestantes; contra ellos está toda la Tradición de la Iglesia de los primeros siglos, el asentimiento universal de las Iglesias Romana y Oriental (Ortodoxa) antes y después del Cisma, y la firmeza teológica de ambas Iglesias desde el siglo XI al siglo XXI.
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- La clave para entender rectamente las palabras de Jesús ha de hallarse en su declaración sobre el valor del Espíritu y de la carne, y el hecho de que sus palabras son Espíritu y vida. El énfasis está puesto en la necesidad de creer a Jesús y aceptar su salvación.
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El que Jesús diga que sus palabras son "espíritu y vida" no puede tomarse como la necesaria explicación que requiere el tema. Si con eso no entendieron muchos, y lo abandonaron, es evidente que no es un argumento satisfactorio, ni para los oyentes de Cristo en ese momento, ni mucho menos para nosotros.
Este "camino", el de que las palabras de Cristo "son espíritu y vida", se comenta más ampliamente en el artículo sobre Algunas consideraciones interesantes de la Eucaristía
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- La teología católica romana emplea este pasaje como una de sus evidencias más firmes de su doctrina de la transubstanciación, es decir, que en virtud de las palabras de consagración de un sacerdote, el pan y el vino se convierten, sin variar en su apariencia, en la carne y la sangre (y Trento agrega “alma y divinidad”, sin justificativo bíblico alguno) de nuestro Señor.
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El Concilio de Trento habla de "alma y divinidad" porque en Juan 6:57, Jesucristo dijo: "el que me coma vivirá por mí" ("kai ho trögön me kakeinos dsësei di eme" =και ο τρωγων με κακεινοσ ζησει δι εμε), Cristo hace referencia a su persona como un TODO.
Tomemos en cuenta lo que Sapia y Saraví opinan sobre la comunión con Cristo. Ellos creen en Cristo completo, con alma y divinidad, y creen que es con ese Cristo completo con quien tienen comunión y salvación "sólo por la Fe". Pues bien, los católicos creemos exactamente lo mismo, pero lo aplicamos también a la Eucaristía. Creemos y recibimos a Cristo COMPLETO, con alma y divinidad.
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Debiera subrayarse enfáticamente en que lo que entendieron los oyentes de Jesús a partir de las palabras de él es por completo irrelevante, ya que ellos obviamente mal interpretaron su enseñanza
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1era. objección. Para Saraví, no se requieren muchas bases para afirmar que los oyentes de Cristo "le entendieron mal". Como toda razón, afirma que "obviamente" así fue. Entonces, un católico puede defender su caso del mismo modo: Es que, "obviamente", los oyentes entendieron lo que Cristo dijo; que debemos comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna.
2nda. objección. Suponiendo sin conceder, que realmente los oyentes de Cristo "le entendieron mal", entonces falta saber por qué Cristo no les corrigió ese malentendido -si hasta hubo quienes lo abandonaron luego de su discurso-, y existiendo el antecedente de que ya había corregido a quienes le entendían literalmente, cuando él hablaba simbólicamente.
Aquí retomo las palabras de Daniel Sapia
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Esta peligrosa enseñanza (y errónea desde el punto de vista bíblico) hace creer al católico que "incorpora" a Cristo a través de la ingestión de pan o una oblea, extraviándolo del verdadero camino para recobrar la Comunión con Dios Padre, que es el Arrepentimiento, la Conversión y la Fe en Jesucristo como único y suficiente Salvador.
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Aunque poco ducho para los argumentos, Sapia demuestra gran habilidad para los adjetivos.
Primero nos relata que la doctrina eucarística católica es "peligrosa", y se entiende que sea "peligrosa" para los protestantes, pues mientras más aprecie y busque un católico la Eucaristía, más difícilmente lo podrán convencer de abandonar su fe.
La transustanciación, -es bueno recordarlo-, no es errónea "desde el punto de vista bíblico", sino desde el punto de vista protestante, y en este caso, el punto de vista privado del sr. Sapia.
El hermano separado se contradice: Al principio de su artículo anticatólico, dijo lo siguiente: -"(según enseñan) solo un Sacerdote Católico tiene el "poder" de absolver los pecados en nombre de Dios, requisito indispensable previo para poder comulgar (comer la hostia)"-.
Para recibir el Sacramento de la Confesión, la doctrina católica enseña que se requieren Arrepentimiento, Fe en Cristo y Conversión; o sea que la combinación de Confesión-Comunión, encauza al católico a dichos puntos.
Pero Sapia ¡oh, sorpresa!, nos dice que NO, que "se le extravía" de dichos puntos; hay incoherencia en lo que dice Sapia, pero en fin, es propio de quienes yerran contradecirse...
Para llegar a este berenjenal, Sapia recurre al simple prejuicio de que los Católicos nos confesamos, pero ni nos Arrepentimos, ni nos Convertimos, ni creemos en Cristo como Señor y Salvador.
Corre de su cuenta demostrar de algún modo que en esa triste situación estamos los católicos.
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Pregunto: ¿Recibir a Cristo cada domingo? Está claro que podemos recibir algo solo cuando NO TENEMOS es algo (parece hasta obvio). Significa entonces, según se desprende de las palabras del Sacerdote, que Cristo "abandona" al católico en algún momento de la semana, ya que el domingo debe asistir a misa para volver a recibirlo.. y así sucesivamente a lo largo de toda su vida...
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Sapia se confunde: Ir a Misa todos los domingos a recibir a Cristo, no se deriva de que Él nos haya abandonado, sino para perpetuar nuestra comunión con Él en la comunidad de la que formamos parte. ¿Acaso el protestante no tiene Fe durante toda su vida?, por lo tanto, el católico comulga durante toda su vida para tener presente en la Eucaristía a Cristo, para participar en la Acción de Gracias que es la Eucaristía y para adorar a Cristo en el santo Sacrificio de la Misa.
Otro punto: El pecado nos aleja de Cristo, y la participación de la Eucaristía nos acerca a Él, por eso mismo se recomienda la comunión frecuente, para permanecer cerca de Cristo, en la gracia eucarística que nos ayuda a combatir el pecado. Difícil de entender para los protestantes.
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El verdadero Cristiano recibe a Cristo UNA VEZ SOLA en su vida: al momento de reconocerlo como su único y suficiente Salvador, entregándole su corazón y todo su ser. Lo que en la Biblia se denomina "Nacer de Nuevo".
Algo que difícilmente haya sucedido a quien supone recibir a Cristo por ingerir una oblea.
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Lo difícil de responderle a Sapia, es que éste hermano separado muy rápidamente lanza errores y descalificaciones que perdonamos, pero no aceptamos.
Primero, tenemos su categórica enseñanza de que "el verdadero cristiano" -según sus personales patrones para definir al "verdadero cristiano"-, sólo recibe a Cristo aceptándolo como Señor y Salvador. Entonces, en teoría; si yo admito intelectualmente que Cristo es mi Señor y me salvó, y de ahí en adelante me despreocupo por llevar una vida CONSAGRADA a Él... no importa mucho, pues ya soy "nacido de nuevo", y NADA me hará perder este envidiable estatus -lo recalco porque en pasados intercambios con Sapia, éste afirmó que la Gracia, una vez recibida, no se pierde bajo ninguna circunstancia-.
Peor aún lo que viene después. Haciendo gala de irresponsable generalización, Sapia CIERRA el caso, estableciendo que "difícilmente los católicos podemos nacer de nuevo"; como si él tuviera facultad y autoridad para SABER y AFIRMAR algo que -como quiera-, no le consta de ningún modo, y que se basa en el simple prejuicio de anticatólico, y yo sé (porque he dialogado con él), que Sapia es rápido para denunciar "prejuicios de los católicos con respecto a los evangélicos"; actitud inconsistente que se desmorona cuando vemos que Sapia recurre a los mismos prejuicios que tanto denuncia.
Finalmente: Para que actualice sus conocimientos, señor Sapia, el católico no SUPONE que recibe a Cristo en la Eucaristía; quienes menos, lo CREEN, quienes más, lo SABEN: Las suposiciones búsquelas entre sus propias palabras.
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Dice Jesucristo en Su Palabra:
"Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. el que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él." (Juan 6:55-56)
"Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad, comed, éste es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados".(Mateo 26:26-28)
Dice el sr. Sapia, al inicio de su artículo:
Solo es una conmemoración del momento en que Jesús representa el sentido de Su sacrificio expiatorio a Sus discípulos. Y por consiguiente, por ser una "recordación", el resultado es que el pan sigue siendo pan, y el vino sigue siendo vino.
"¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:46)
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Nota: (Añadida el 21 de mayo de 2004)
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En mayo de 2004, tuve ocasión de participar en un debate sobre la película de Mel Gibson, The Passion of Christ. En ese debate participaban varios católicos y protestantes; y entre los protestantes participantes, se encontraba Daniel Sapia. Pues bien, Daniel Sapia critica negativamente a la película de Gibson, y en una de sus "habladas", manifestó lo siguiente:
Jesús llama "Madre" a María.
Algo que jamás sucede en todo el Nuevo Testamento
No es producto de ninguna casualidad que en todo el Nuevo Testamento Jesús JAMÁS llame "Madre" a la bienaventurada María.
Yo creo que no es ninguna casualidad, perteneciendo a la perfecta Palabra de Dios.
Donde el argumento "la Biblia no lo dice", se le va en contra a Sapia. Volviendo al tema de la Transustanciación, utilizaremos las palabras de Daniel Sapia:
¿Cristo dice que el pan y el vino "simbolicen" ALGO?
Eso JAMÁS sucede en todo el Nuevo Testamento.
No es producto de ninguna casualidad que en todo el Nuevo Testamento, Jesús JAMÁS llame "Símbolos" al Pan y al Vino.
Yo creo que no es ninguna casualidad, perteneciendo a la perfecta Palabra de Dios.
Y también, en la misma línea, Cristo nunca dice que "comer su carne y beber su sangre", sean meros "símbolos" de "creer en Él".
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BIBLIOGRAFÍA:
La Sagrada Biblia, versión Biblia de Jerusalén
El Nuevo Testamento en Griego, versión y crédito de Kyrios-Soft.Com
Catecismo de la Iglesia Católica, Coeditores Católicos de México. 2003
Manual de Teología Dogmática, de Ludwig Ott. Editorial Herder de Barcelona, 1958.
Tres obsequios a mis hermanos protestantes, del P. Luis Butera V. Editorial EDISEPA, 1991, 9a. Edición.
La fe explicada, de Leo J. Trese. Ediciones Rialp. S.A. 1983
55 respuestas a los protestantes, del P. Eliécer Salesman. JMC Editores, 15a. Edición en Septiembre 2000.
La religión demostrada, del P. A. Hillaire. Editora Latino Americana. Versión en español de la 16a. edición francesa. Enero de 1964
Finalmente, esta respuesta al sr. Sapia termina con un APÉNDICE, donde intento condensar interesantes argumentos y explicaciones católicas sobre la Eucaristía; que espero sean de utilidad para cuantos lo gusten leer.
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